Desde las misiones jesuíticas de Chiquitos hasta el centro histórico cruceño, su trabajo rescata íconos y tradiciones a través del diseño contemporáneo.
Rildo Barba 21|10|25

Ágreda define su origen: «Soy una patasca… Nacido en Cochabamba, criado en Roboré y cruceño de corazón».
Hace una década, el modista Luis Daniel Ágreda dio un giro decisivo en su carrera al apostar por el diseño de autor con una mirada profundamente enraizada en la cultura del oriente boliviano. Todo comenzó en 2016 con la colección “Eterna”, una propuesta que rendía homenaje a la cantante cruceña Gladys Moreno y a ese universo urbano oriental que él deseaba visibilizar desde la moda.
Poco después, presentó “El Duende y su camarilla”, otra colección inspirada en la iconografía popular y las leyendas locales. Ambas series cumplirán 10 años el próximo año y marcaron el inicio de un camino coherente y apasionado: el de contar el oriente desde el indumento.
Tras la pandemia, ese propósito se afianzó con nuevas colecciones como “Los abuelos” y “Los querubines”, donde la conexión con las culturas chiquitanas se volvió más fuerte. «Entramos en una conciencia de que si no somos nosotros quienes contamos lo que hay en este otro lado de Bolivia, nadie más lo hará», afirma.

En 2016 comenzó su camino coherente y apasionado: el de contar el oriente desde el indumento.
La relación con las artesanas y el valor del tejido
La incursión de Ágreda en el trabajo textil comunitario comenzó durante la pandemia, cuando el investigador Alejandro de los Ríos lo contactó con una tejedora de Santo Corazón, la última misión jesuítica fundada y una de las más alejadas y poco conocidas del conjunto misional chiquitano. A partir de ese encuentro, nació una colaboración que se mantiene viva.
«Mi trabajo con las artesanas es por temporadas», explica. Primero se desarrollan prototipos de tejidos —tiras, lisos o torcidos— y luego, tras las pruebas de diseño, se realiza el encargo principal. Las artesanas reciben el pago completo por su labor, y una vez lanzada la colección, participan también de un porcentaje de las utilidades. Este modelo de trabajo busca ser ético y sostenible, valorizando la cadena de producción y la justa distribución de beneficios.

Su trabajo con artesanas chiquitanas es continuo. Sus tejidos han sido aplicados a sus prendas.
Entre arte y moda
Las colaboraciones con artistas e ilustradores surgieron en la cuarentena por el covid, con barbijos diseñados con el abuelo chiquitano y la kuña guaraní, dos gráficas que se convirtieron en emblemas de la marca. Desde entonces, Luis Daniel Ágreda decidió que las imágenes no se compraran, sino que se pagara por reproducción, estableciendo un sistema más justo para los creadores. «Queríamos que los artistas reciban lo que corresponde por cada reproducción y que sus obras dialoguen con el diseño de moda. Así logramos piezas que son verdaderos objetos de deseo», explica.
De ese intercambio nacieron colecciones emblemáticas: “Abuelo Chiquitano”, “Kuña Guaraní”, “Querubín Chiquitano”, “Toborochi”, “Urucú”, “Cafetero”, “Losetas” y “Guapurú”, entre otras. En ellas han participado Benicia Chávez, de Santa Cruz Walk; Diego Noel Barrón, diseñador gráfico; Alejandro Ugalde, artista gráfico; Caio Hurtado, ilustrador digital; y Eduardo Suárez, diseñador gráfico.
Cada colección surge de una motivación personal del diseñador: el toborochi, su árbol y flor favoritos; los querubines inspirados en la población de Santa Ana; o el urucú, que aporta su rojo vibrante. «Busco que estos productos te trasladen, que evoquen la sonoridad del habla camba y la belleza natural del oriente», comenta entusiasmado.

El abuelo chiquitano y la kuña guaraní se convirtieron en emblemas de su marca desde el inicio de su tarea rescatando la cultura oriental de Bolivia.
Conexión con la cultura
El público de Luis Daniel Ágreda es amplio y diverso: hombres y mujeres entre 25 y 60 años que valoran tanto el mensaje identitario como la calidad del producto. Muchos son bolivianos que viven en el extranjero y buscan reconectarse con su cultura, mientras que otros son extranjeros que llegan a Bolivia atraídos por la calidad del algodón, la serigrafía y la confección. «Nos enorgullece que vuelvan por la calidad y por lo que cada prenda significa», expresa.

La calidad del algodón, la serigrafía y la confección son atributos de la ropa de LDA, muy requerida por ambos sexos, nacionales y extranjeros.
Achachairú para fin de año
Actualmente, Ágreda trabaja junto a Alejandro Ugalde, autor de las poleras “Losetas” y “Cafetero”, inspiradas en el centro histórico de Santa Cruz; y con Caio Hurtado, creador de la serie “Guapurú” y de tres nuevas pañoletas que pronto serán lanzadas. El cierre del año llegará con la colección “Achachairú”, mientras prepara para 2026 una propuesta inspirada en el casco viejo, integrando los elementos patrimoniales y culturales que conforman su nuevo detonante creativo.
Con 20 años de trayectoria —desde su formación en Infocal en 2005—, el modisto ha recorrido ocho de los nueve departamentos del país, conociendo de cerca la diversidad cultural boliviana. Sin embargo, su elección es clara: contar el oriente. «No es que no me fascine el occidente», aclara. «Simplemente creo que no alcanzaría la vida para contar ambos lados. El oriente boliviano tiene una diversidad hermosa que no ha sido mostrada con la misma fuerza, y mi misión es reivindicarla. Estoy feliz de hacerlo desde la moda».

Ágreda crea poleras en colaboración con artistas gráficos. Su temática actual es «Guapurú».
Fotos: Gentileza de Luis Daniel Ágreda
Facebook: https://www.facebook.com/ldagreda






