Artista, artesana, restauradora o como quieran llamarla, esta cochabambina convierte maderas desechadas en piezas cargadas de creatividad, ya sea obras de arte o objetos utilitarios que encuentran una nueva vida.
Por Rildo Barba. Fotos Gentileza de Claudia Balcázar | 23.07.26

Claudia Balcázar pinta desde que era niña. Experimenta técnicas y materiales.
Es difícil adivinar de dónde es Claudia Balcázar. Su acento ya no delata a la cochabambina que llegó a Santa Cruz de la Sierra en 2002. Ella misma atribuye ese cambio a los años que ha vivido en la capital cruceña y al poco contacto que ha mantenido con sus paisanos.
Arribó recién graduada de Diseño de Interiores, aunque la profesión terminó llevándola por otro camino. En lugar de dedicarse al diseño, asumió la administración de una empresa importadora de productos de consumo masivo, un trabajo en el que permaneció durante 15 años y en el que descubrió una faceta que no sabía que tenía: la de comerciante. «Uno tiene planes en la vida, pero el destino a veces es otro. Hay que ser camaleónico, adaptarse a todo, a todo lo que nos llega», reflexiona.
Con esa filosofía decidió dar un giro a su carrera y emprender un negocio propio. Aprovechando sus conocimientos sobre moda y la experiencia adquirida en ventas, abrió una boutique de ropa femenina. «Ya sabía vender y tenía que aprovechar. Funcionó diez años y fue genial… hasta que llegó la pandemia», recuerda.
El confinamiento, que para muchos representó una pausa obligada, para ella se convirtió en una oportunidad. Se dedicó a reciclar muebles, restaurar objetos y, como ella misma dice, a «pintar como loca». Empezó a publicar sus obras en redes sociales justo cuando muchas personas buscaban renovar y embellecer sus hogares. Los cuadros comenzaron a venderse con rapidez.
Cuando la vida retomó su ritmo habitual, Claudia decidió unir sus dos pasiones. Mantuvo la boutique y, al mismo tiempo, abrió en su propia casa una galería de arte llamada Artesana, donde exhibe y comercializa sus creaciones. Más que un espacio de exhibición es el lugar desde el que comparte su universo creativo y donde cada obra refleja la evolución de una pasión que, impulsada por la pandemia, terminó transformándose en su modo de vida.
La experimentación es una constante en el trabajo de esta mujer que pinta desde niña. Le apasiona combinar técnicas y materiales para crear piezas únicas. «Capaz un día se me ocurre pintar sobre un lienzo, poner masa acrílica y moldear figuras sólo con espátula: alas o flores con mucha textura; después darles una mano de óleo, añadir un poco de pan de oro, algo de acrílico… Mezclar materiales, siempre que sean compatibles, me parece muy interesante», explica.

El estilo de sus pinturas le llega según su inspiración. Puede ser figurativo o abstracto.
¿Cómo define lo que hace: es arte o artesanía?
No sabría cómo catalogarlo. Para mí, el arte es todo aquello que las manos y el alma crean con pasión. La artesanía es una de las ramas de ese gran árbol que es el arte. Así lo entiendo yo.
¿Qué tan grande es su producción en cada época de inspiración?
Cuando me emociono y le encuentro el hilo a una idea, mi producción se vuelve masiva. Llega un momento en que tengo que acomodar las obras como sea porque siento que podrían terminar enterrándome (risas). Necesito que salgan, que se vendan y que haya rotación para seguir creando. Lo que pasa es que, cuando uno empieza a crear, siempre quiere más y más. Es parte de disfrutar lo que realmente le apasiona. Creo que encontré en el arte el motivo para despertarme todos los días. Mi cabeza nunca deja de imaginar qué más puedo hacer, qué nueva técnica probar o qué otra obra empezar.
¿Usted recibe pedidos, hace las obras porque le nace hacerlas o ambas cosas?
Ambas cosas. No siempre es fácil vender exactamente lo que a uno se le ocurre crear. En este momento, por ejemplo, estoy en una etapa muy angelical (risas): hago ángeles y alas en piezas artesanales, trabajos en madera, tallados y cuadros. Es una temática que me encanta, pero sé que no necesariamente conecta con todos. Muchas veces los clientes llegan con otras ideas. Algunos me dicen que les gustan mis angelitos, pero que prefieren un caballo o cualquier otro motivo. Y, si puedo hacerlo, lo hago con gusto. Tengo un estilo muy marcado, pero también soy bastante flexible y disfruto adaptarme a lo que cada persona busca. No soy de esos artistas que dicen: “¡Ay! Yo sólo pinto así” o “no hago encarguitos”. Respeto a quienes trabajan de esa manera y entiendo que cada artista tiene sus fronteras. Yo, la verdad, hago lo que el cliente me pide.
¿Hay algo que definitivamente no pueda hacer?
¡Obviamente! Por ejemplo, no puedo copiar exacto. Hay una película interesante llamada El falsario. Capísima la película, por si acaso, recomendada; es sobre un artista espectacular, genial, al que tú le pones la Monalisa y él te hace la Monalisa idéntica. Incluso puede copiar las firmas de los pintores originales. Hay gente que se dedica a eso y para mí son artistas de otro mundo. ¡Imagínate lograr algo así! Entonces, cuando el cliente me pide copiar, yo respondo que puedo captar la idea, pero hacerlo igual no. Si quiere un caballo como el de fulano, lo puedo hacer parecido; será un caballo, pero no el mismo que vio en otro cuadro.
Usted tiene una tienda de ropa que también es galería de arte. Eso no es muy común…
Y bueno, ¿qué te puedo decir? Por esas cosas hermosas de la vida todo sucede como tiene que ser. Tuve la oportunidad de abrir nuevamente mi boutique, pero fusionada con una galería de arte. Hoy ambos espacios conviven de manera natural: mientras unas personas llegan buscando una prenda de vestir, otras descubren mis obras, y muchas terminan interesándose por ambas cosas. Es una combinación poco habitual, pero refleja muy bien quién soy y las dos pasiones que forman parte de mi vida.
¿Y por qué se llama Artesana?
Hace unos años tuve la oportunidad de viajar a México a una exposición. Entonces una artista hizo un comentario; dijo que había personas que se creían artistas plásticas, pero que más bien eran aficionadas a las manualidades. Como yo no entiendo las indirectas, ese rato no me di cuenta de que lo dicho era para mí (risas). La verdad es que fui bendecida esa noche: se vendieron varios cuadros míos y me entrevistaron hermosamente. En una entrevista me pidieron que me defina. En ese momento me nació del alma: “Soy artesana. Hago manualidades, soy aficionada a las manualidades. Hago artesanía, pinto cuadros, hago todo lo que me cante”. Siempre he sacado partido a lo que me dicen para bajonearme.
Pero, en serio, ¿usted se considera artesana o artista?
Alguien una vez me definió como una salvadora de cosas, y creo que tenía razón. Yo restauro muebles antiguos, revisto paredes con estuco veneciano y fabrico repisas, mesas giratorias, bandejas y todo lo que mi imaginación sea capaz de crear a partir de un pedazo de madera. Tengo la costumbre de mirar los objetos con otros ojos. Puedo ir caminando por la calle y, si encuentro algo botado en la basura, enseguida empiezo a imaginar en qué podría transformarlo. Si es madera de buena calidad, no lo dudo: la recojo. Sé reconocer una buena pieza y, para mí, vale oro.
¿De cómo se le ocurrió hacer reutilizar la madera botada?
Fue cuando vi unos marcos de madera afuera de un hotel en Cochabamba. Pregunté si me los podía llevar y me dijeron que sí. Esos marcos se convirtieron en bandejas, en cosas que empecé a vender. Desde entonces, disfruto darles una segunda vida, ya sea convertidos en una obra de arte o en un objeto funcional que vuelva a ocupar un lugar en un hogar.
Bueno, pero convengamos que una cosa es reciclar y otra muy diferente restaurar…
Claro, correcto. Yo hago ambas cosas.
¿Sus hijos heredaron su talento?
Tengo dos hijos: Fernanda (Terceros), de 22 años, y Pablo (Terceros), de 17. Ella termina este año Marketing y Logística; le encanta dibujar, es una artista con el lápiz: hace caricaturas preciosas y animés, ¡todo lo que es fantasía! Pablito está en la prepromo. Él no ha heredado mucho el lado artístico de mamá, pero es brillante; es un hombre de negocios. Le gusta el tema de finanzas, de las criptos, de inversiones y todo eso. Cada quien con su arte diferente. Pero sí, estoy completamente segura de que tengo la vejez asegurada con Pablito (risas).

Una pequeña muestra de la variedad de objetos funcionales que elabora Claudia.
DATOS
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