Emprendedores

KAREN WEBER CONSERVA LA BELLEZA DE LAS FLORES Y CREA JOYAS ÚNICAS

Su catálogo incluye collares, aretes, anillos y pinzas para el cabello. Para complementar sus diseños utiliza piedras naturales, entre ellas jade y ágata, además de perlas de agua dulce.
Por Rildo Barba. Fotos Gentileza de Karen Weber | 26.08.26

Karen Weber preserva la belleza de las flores y las convierte en piezas únicas de joyería botánica. A partir de girasoles, margaritas, crisantemos y, especialmente, sus adoradas orquídeas, crea diseños exclusivos en los que la naturaleza es la encargada de marcar la diferencia. «Ninguna flor es igual a otra», explica. «Incluso si reproduzco un mismo modelo, las diferencias naturales entre ellas hacen que cada pieza sea distinta».

Su emprendimiento nació de la curiosidad, la investigación y mucha práctica. No realizó cursos especializados para aprender la técnica; fueron los videos, los tutoriales, la investigación y, sobre todo, la experimentación, los que le permitieron descubrir cómo preservar las flores. En el camino también hubo errores, que terminaron convirtiéndose en parte fundamental de su aprendizaje.

Karen comenzó con su emprendimiento en 2024, aunque en aquella etapa tenía una colección pequeña y poca presencia en las redes sociales, que hoy constituyen su principal vitrina comercial. Las escasas ventas y las dificultades para promocionar sus creaciones la llevaron a hacer una pausa de aproximadamente un año y medio. En abril pasado decidió retomarlo. El impulso definitivo vino de su novio, quien la animó a volver a una actividad que realmente disfrutaba.

Pero ¿cómo consigue preservar las flores? Primero las deshidrata con gel de sílice, un material que permite eliminar la humedad y conservar, en buena medida, su forma y color, evitando que se descompongan. Una vez completamente deshidratadas, las flores pasan al proceso de encapsulado, para el que utiliza resina de luz ultravioleta. El resultado es una pieza en la que la flor queda protegida y puede conservarse durante muchos años, siempre que reciba los cuidados adecuados.

Más que una técnica extremadamente complicada, Karen considera que su oficio requiere paciencia y dedicación. «El proceso de deshidratación demanda tiempo y cuidado. Es, además, el momento en que la flor se encuentra más frágil», puntualiza. Superada esa etapa, la elaboración de las joyas resulta más sencilla, aunque trabajar con flores naturales siempre exige delicadeza.

Su catálogo está en constante crecimiento. Hasta el momento ha elaborado collares, aretes, anillos y pinzas para el cabello, y trabaja en el desarrollo de brazaletes. Para complementar sus diseños utiliza piedras naturales, entre ellas jade y ágata, además de perlas de agua dulce. Estos materiales le permiten crear distintas combinaciones y acompañar las flores sin quitarles protagonismo.

Cuando inició su emprendimiento, la creativa no sabía que en Bolivia existía un mercado para la joyería botánica. Con el tiempo, las redes sociales contribuyeron a que sus productos ganaran visibilidad y despertaran el interés de los consumidores. Actualmente, asegura que las ventas han mejorado considerablemente.

Así, mientras avanza en sus estudios de Derecho, Karen construye un emprendimiento en el que confluyen naturaleza, creatividad y paciencia. Cada pieza representa, en definitiva, una forma de conservar por años algo que originalmente estaba destinado a marchitarse. En sus manos, las flores tienen una segunda oportunidad para seguir luciendo su belleza.

Karen Weber es autodidacta en el diseño y fabricación de joyería botánica.

DATOS
Facebook: https://www.facebook.com/profile.php?id=61572560265244
Web: https://karenweber.art/
Celular: 75892242
Santa Cruz de la Sierra, Bolivia

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