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BEGOÑA IGLESIAS CREE QUE TODOS NOS MERECEMOS UN MOMENTO DE GLAMOUR

La periodista espera reactivar el funcionamiento de su empresa en cuanto todo vuelva a la normalidad. Por ahora disfruta de la compañía de su esposo e hijas

Es inevitable pensar que Begoña Iglesias, la exeditora de la revista Vanidades Bolivia, no pertenezca a la aristocracia europea que se muestra en las revistas. Además de elegante y refinada, la periodista es una persona con la que se puede sostener cualquier tipo de conversación. Y aunque nació en España, de papá español y mamá boliviana, proviene de familias trabajadoras de clase media. Sus padres son ávidos lectores y amantes del teatro, y siempre inculcaron en ella y su hermano el gusto por toda manifestación artística.

¿Ni siquiera sos pariente de Julio Iglesias?

(Risas) Lamentablemente, no. Pero de chica me mandaba la parte diciendo que Julio Iglesias era mi tío. Cuando él pasó de moda, ya Enrique era el objetivo (risas). Pero no, Iglesias en España hay muchos. 

Vi que en la cuarentena volviste a tocar el piano, ¿qué más hiciste?

Sí, volví a hacerlo después de 20 años, y resultó algo muy terapéutico y relajante. La verdad es que traté de tener la mente y la actividad ocupadas para no angustiarme de sobremanera. Fui disciplinada en temas de conciliar las tareas domésticas y el teletrabajo, pero me indiscipliné en todo lo referente al cuidado corporal; es decir, no tuve ninguna rutina de ejercicio, me dediqué a comer todos mis antojos y pienso que en cierta manera con ello quería compensar la ansiedad e incertidumbre con eso, siendo feliz y sin preocuparme.

Eras la directora perfecta de Vanidades, ¿sos vanidosa? ¿Te gustan las vanidades?

¡Gracias por lo de “perfecta”! No sé si lo era, pero te puedo decir que ha sido el trabajo que más he disfrutado en mi vida. Dirigir la revista me permitió enfrentarme a los desafíos que suponía trabajar con un grupo internacional tan importante como Televisa. Aprendí muchísimo, pude escribir sobre distintas áreas y diversos temas, conocí a personas maravillosas, pude viajar y realizar distintas coberturas alrededor del mundo y, sobre todo, a establecer un equipo local maravilloso, al que reconocieron fuera de nuestro país y con quien sigo manteniendo mucho cariño y amistad. Sobre ser vanidosa, no creo que sea la característica que me defina; sin embargo, pienso que a todos los seres humanos, y tal vez más a las mujeres, en algún momento nos pica el bichito de la “vanidad sana”: es decir, querer lucir bien, estrenar algo lindo, tener algún momento dónde brillar, etc. Y eso lo veo sano y válido, creo que todos nos merecemos un momento de glamour.

¿Qué disfrutás de la vida?

Disfruto demasiado los momentos de reunión familiar y de estar con amigos. El hecho de haber tenido que estar encerrada en casa con mi familia es algo que, lejos de agobiarme, he disfrutado muchísimo. Ahora, por razones obvias, he dejado de reunirme con amigas y es algo que realmente extraño. Me resulta terapéutico reír, darnos consejos y pasar buenos momentos con ellas. También me hace feliz ser buena anfitriona, preparar mis mesas cuando voy a recibir a alguien, llenar la casa de flores y hacer sentir bien a mis invitados. Eso me encanta. Por otra parte, disfruto de viajar, leer, ir al cine, escribir y escuchar buena música a todas horas.

¿Alguna vez tuviste miedo por la situación que vivimos en la cuarentena rígida?

Siendo sincera, nunca tuve miedo por mi núcleo familiar cercano, pero sí me estresé muchísimo por estar lejos de mis papás. Ambos viven en Cochabamba, son mayores y el hecho de que se enfermaran y yo no pudiera acudir en su ayuda es algo que me quitó muchas horas de sueño y me tuvo bastante angustiada.

¿Te arruinó algún plan la pandemia? ¿Tenés algún objetivo por cumplir apenas todo vuelva a la normalidad?

Tengo un hermoso proyecto que arrancó a principios de año y que se vio totalmente suspendido por la pandemia. Se trata de una empresa que formamos con mi esposo (Guillermo Prömmel), en la que representamos varias marcas de artículos para el hogar y las distribuimos desde Miami a distintos países de Latinoamérica. Justo cuando estábamos con el mejor de los impulsos, las fábricas dejaron de funcionar, los barcos no podían moverse y las tiendas a las que debíamos proveerles cerraron sus puertas. Por eso, el primer objetivo que tengo en cuanto vuelva la normalidad es reactivar el funcionamiento de nuestra empresa y esforzarme para que crezca y se consolide.

¿Con quiénes pasaste el confinamiento?

Con mi marido y mis dos hijas en casa (Rebeca, de 18, y Lucía, de 19). Afortunadamente vivimos medio alejados de la ciudad, por lo que pudimos darnos largos paseos y escapadas a las montañas. Eso hizo que no sintamos tanto el encierro y podamos disfrutar de la naturaleza. Para mí fue un privilegio compartir los almuerzos con mis hijas, ya que antes, por sus horarios de colegio nunca coincidíamos. También nos dedicamos a la jardinería, a ver series en Netflix y a los juegos de mesa, algo que a ellas les encanta.

¿Extrañás escribir para Vanidades?

¡Claro que sí! Sentía mucha libertad de poder explorar diversos temas y conocer a personas interesantísimas a través de las entrevistas. Era un reto creativo bastante potente. Ahora sigo relacionada con una revista, América Economía, pero al no tener formación o estudios en Economía, me siento bastante limitada y solamente me dedico a editar o a corregir.

¿Qué son los “Diálogos para el bienestar”?

Son cápsulas de 15 minutos de duración en las que entrevisto a diferentes profesionales para tocar temas de nutrición, yoga, meditación y para ver cómo las mujeres pueden manejar el miedo, el estrés y la ansiedad en estos tiempos de pandemia. Surgió como aporte social de la tienda Best Beauty Stories, de donde me hablaron para proponerme el proyecto porque notaban que era necesario hacer algo para levantar los ánimos. Inicialmente iban a ser entrevistas escritas, pero después me dijeron que hagamos videítos; ahí me dio un poco de miedo porque yo para las cámaras soy fatal, me pongo muy nerviosa. Pero bueno, como todo el mundo se está reinventando, yo en el algún momento tenía que aprender.

¿Qué lección te deja este año?

La mayor lección es que de absolutamente todo se puede sacar algo bueno. Este año ha sido durísimo en muchos sentidos (pérdidas humanas, crisis económica, crisis política, falta de vida social, desánimo…). Pero a la vez creo que nos ha hecho pisar tierra, reencontrarnos y valorar a nuestros seres queridos. También ha representado muchos desafíos personales, como descubrir y potenciar nuestras cualidades, ser creativos y reinventarnos, ejercitar nuestra solidaridad y empatía. En mi caso, el haberme tenido que quedar en casa me ha hecho más observadora de cosas que pasaban en mi jardín ¡y que antes ni notaba! He visto de cerca el crecimiento de mis plantas, he observado y fotografiado a todo tipo de animales que antes no veía por no estar en casa: vizcachas, zorros, pájaros, etc. Entonces, creo que ha sido una buena oportunidad de hacer un stop, reflexionar y agradecer por nuestra salud y por todo lo bueno que tenemos.

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