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OSMAN PATZI DICE QUE LOS WILLYS SE COMPRAN, PERO NO SE VENDEN

Si alguien conoce la historia de los jeeps en Santa Cruz, ese es este periodista y docente universitario. Es dueño de uno de ellos y confiesa que, por gastar en su vehículo, los “willyseros” son incomprendidos.

Osman Patzi heredó de su padre el gusto por los automóviles, la mecánica y la aventura. Esto lo llevó a apasionarse por los Willys, esos vehículos todoterreno fabricados en Estados Unidos entre 1941 y 1945 para uso militar, y que tiempo después recorrieron como taxis las maltrechas calles cruceñas.

Hoy los llamados jeeps son joyas para cuidar y exhibir. Es por ello que el periodista y docente universitario decidió escribir al respecto. Su apego al papel, además del deseo de documentar la historia del todoterreno universal desde la óptica local, lo reflejó en el libro Los willys en Santa Cruz.

La publicación, lanzada a finales de 2023, cuenta también la historia del club que reúne a los “willyseros”, apelativo con el que se conoce en la capital cruceña a los propietarios y amantes de estos vehículos. Él es uno de ellos.

¿Qué podemos encontrar en ese libro?

Probablemente algunas de las razones que motivan a los fanáticos de estos vehículos y de la historia automotriz en general, así como la del transporte público en Santa Cruz. La historia de la marca, su evolución, la llegada de las primeras unidades a Bolivia y a Santa Cruz… La historia de los 20 años del Club Willys, sus caravanas anuales, el proceso de restauración, los fundamentos para considerar que son un ícono y representan el espíritu de los cruceños que moldearon el despegue económico de la región. También historias y anécdotas de “willyseros”, un glosario para entender la jerga particular y muchas fotos antiguas y nuevas.

¿Sabés cuántos Willys hay en Santa Cruz y Bolivia?

En 2010, en ocasión del Bicentenario, intentamos batir un récord Guiness reuniendo más Willys que en Calarcá, Quindío, la región cafetalera colombiana. Pensamos que podríamos reunir más de 354. Nos movilizamos mucho y reunimos un tercio, pero nunca antes se habían visto tantos jeeps juntos recorriendo el tramo Santa Cruz-La Guardia y luego las cabañas del Piraí. Quizá ni en Bolivia. Años después se organizó una Expowillys en el Cambódromo y aunque aparecieron unidades modernas para sumarse, se contaron casi 200 jeeps. Sin duda, Santa Cruz es donde más Willys hay en Bolivia.

¿A qué se dedica el Club de Willys? ¿Hay sólo en Santa Cruz o también en otras ciudades del país?

El Club Willys Santa Cruz rescata, restaura y preserva los jeeps de esta marca fabricados entre 1941 y 1965, y realiza actividades recreativas, turísticas y culturales en todo el departamento y otras regiones del país. También hay un Club Willys muy activo en Cochabamba y en otras ciudades se los ve agrupados en asociaciones de vehículos clásicos o antiguos. Hemos visto Willys impecables en La Paz, Oruro, Sucre y Tarija.

¿Cuándo llegó el primer Willy a Bolivia y de quién era?

Todas las referencias apuntan a la industria minera en el occidente del país, unidades importadas ya de medio uso e incluso descartadas por el Ejército de Estados Unidos, donadas en programas llamados de cooperación, desde mediados y finales de la década de 1940. Jeeps en versiones militares y también civiles de tipo CJ2A, CJ3A y CJ3B, que después de prestar duros servicios en minas y en la exploración petrolera o construcción de vías y ferrovías, pasaron a prestar servicio de taxis en Santa Cruz, que parecía ser el destino final de todos los Willys en Bolivia.

¿De qué año es el Willy más antiguo del club?

Quizá el más antiguo sea de 1942 y hay varios de ese año.

¿Cuestan caros?

El precio es difícil de precisar. Se compraron hace algunos años, 20 o más, en precios relativamente económicos porque eran cacharros y con piezas de otros motorizados o accesorios de lo más diversos. En estos días es con suerte pillar uno en menos de 10 mil dólares por poner una cifra, hablando de versiones militares o civiles de los años 40 y 50, estadounidenses, y con motor y accesorios originales. Mucho más difícil de precisar cifras si se le agrega el valor emocional. Por eso hay un dicho en el club: “un Willys se compra, no se vende”, para dar a entender que el “willysero” establece una relación vitalicia con su vehículo que, con suerte, se hereda.

Mantenerlos, ¿cuesta caro?

Mucho dinero y mucho tiempo. Hay gente que se bebe o baila su plata, o compra ropa, o la tira en casas de juego. Nosotros invertimos en metales preciosos y los disfrutamos. También somos incomprendidos.

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