Chateando

TESORITO TEODOVICH DICE QUE ESTE MUNDO NO ES PARA LOS DÉBILES

La empresaria gastronómica superó el coronavirus y ahora trabaja para reflotar sus cafés y un negocio de comida saludable, Kovi.  

Hace poco más de una década, era imposible llegar a Mr Café de la avenida Monseñor Rivero, en Santa Cruz, y no encontrarse con Tesorito Teodovich. Como anfitriona del lugar estaba a la orden del cliente siempre amable y sonriente, y dispuesta a sugerir lo mejor de la carta. Su vida dio un vuelco, y ahora está dedicada a su familia y a sus negocios.

¿Qué vino después de Mr Café?
Hace tiempo tengo negocios gastronómicos en el aeropuerto Viru Viru: en pre-embarque nacional, Tesorito’s Coffee; y en pre-embarque internacional, Tornado’s Coffee y la sala vip Chiara Coffee. Después se presentó la oportunidad de incursionar en el rubro de las comidas saludables y entré como socia mayoritaria de Kovi; en mayo del año pasado pude comprar la empresa y estoy dedicada a ella, es otro desafío.

¿Y fue bueno el desafío?
Difícil. El rubro gastronómico ha sido uno de los más golpeados desde el año pasado, con el paro cívico, y después con el encierro de los cinco meses por la pandemia. Personalmente, fue muy duro: recién adquiriendo la empresa llegaron los 21 días y me vi obligada a cerrar dos sucursales porque los alquileres no esperan. Gracias a Dios, tenemos muchos clientes fieles que querían seguir comiendo rico y saludable. Nos tocó reinventarnos y fue como empezar de nuevo; ahora estamos con un local pequeño, pero muy acogedor (6to anillo, avenida Los Totaíses n.° 5.765, entre Beni y Alemania).

¿Sintió miedo por la situación?
Mucho, por la inversión y porque los ahorros se acaban. Al cerrarse las fronteras todo fue más complicado; por mí era subirme a los aviones y yo pilotarlos para que mi gente tenga trabajo en las cafeterías. Tuve que reducir personal y fue muy doloroso.

Le pasó a mucha gente…
Sí, lo sé. Yo incluso enfermé de coronavirus en julio. Pero como dicen que mientras hay vida, hay esperanza, aquí estamos. Me sané y puse todos mis esfuerzos para seguir trabajando; mi esposo, Carlos Eduardo López, me ayuda en los correteos cuando puede. En situaciones como esta, el apoyo de la familia es fundamental para enfrentar los problemas y las deudas que agobian, necesitamos de su empujón para subir los ánimos. Para mí fueron de gran ayuda las llamadas diarias de mi padre y las oraciones de mi mamá.

¿Alguna vez pensó en incursionar en otro tipo de negocios?
Sí, tengo otro negocito por ahí (risas).

Cuénteme, no le voy a copiar…
Tengo unos taxis trabajando como Uber (risas). Por la situación económica actual hay que meterle a todo lo que se pueda. Pero, obviamente, me dedico a lo gastronómico, es lo que me apasiona.

¿Usted siempre fue metedora o solo lo es por la circunstancias?
¡Siempre! Muchas veces la vida te exige ser fuerte. Siempre le digo a mi hija (Chiara Carestia) que este mundo no es para los débiles; a los débiles se los lleva el mundo por delante.

He visto a su hija en fotos, ¡ya está grande!
Mi Chiarita está con 15 años. Estuvo a full con sus clases por internet y me ha dado la satisfacción de terminar el año con buenas notas. Ella es mi vida, mi compañera.

Usted fue de las primeras empresarias gastronómicas en la avenida Monseñor Rivero, ¿por qué cree que ya no es tan concurrida como antes?
Lo que pasa es que con la apertura de los malls, ya la gente se fue para allá porque les queda más cómodo para parquear y porque tienen más opciones para comer y para pasear. Con eso la Monseñor quedó para cafeterías de los bancos y oficinas que hay en la zona.

Crédito fotográfico: Adriana Díaz

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