Todo comenzó con un regalo de su esposa. Hoy, sus creaciones le valen múltiples encargos: desde un «somosero» y una cholita hasta un Batman.
Por Rildo Barba. Fotos Gentileza de Gabriel Kavlin | 19.07.26

Una exposición en Casa Melchor Pinto cuenta con el trabajo de Kavlin.
¿Qué podemos hacer con un futbolín desechado? Gabriel Kavlin Alterman encontró una respuesta original: convertirlo en arte. Pinta sus jugadores y los transforma en piezas únicas que luego comercializa. Los viste con los colores de equipos de fútbol, les confecciona indumentaria de tela para lograr otros personajes, los integra en paisajes de ensueño y los enmarca como verdaderas obras artísticas. Además, incorpora distintos objetos que realzan cada composición y le otorgan un carácter aún más singular.
Aunque tiene apellidos alemanes, este publicista argentino nació en Salta y vive en Santa Cruz de la Sierra desde 1998. Se dedica a sus creaciones por las noches, después de terminar su jornada laboral en una empresa del rubro de los aluminios, y también durante los fines de semana. Al referirse a ellas, las clasifica en dos categorías: las concebidas como un producto netamente comercial y las destinadas a exposición, aunque estas últimas también están a la venta.
Una muestra de su trabajo puede apreciarse estos días en la Casa Melchor Pinto, donde participa en la exposición colectiva “F*uck Matthäus Diablo Etcheverry. Luces y sombras”, organizada con motivo de la Copa Mundial de Fútbol. Allí exhibe varias de sus creaciones, en las que simples muñecos de futbolín dejan de ser elementos de un juego para convertirse en expresiones artísticas cargadas de creatividad, color y personalidad.
Kavlin encuentra la materia prima para sus obras en las fábricas de futbolines. Cuenta que en prácticamente todos los barrios hay talleres donde se elaboran estos juegos y que allí compra nuevingos los muñecos de aluminio que luego transforma en piezas artísticas.
Su incursión en este singular trabajo comenzó hace unos cuatro años, cuando vivía en La Paz. Recuerda que su esposa, Roxana Moyano, le regaló unos muñecos antiguos que había encontrado en la feria 16 de Julio. Durante mucho tiempo permanecieron guardados, hasta que un día decidió lijar uno, pintarlo y convertirlo en un cuadro para su casa. Publicó una fotografía en redes sociales y un amigo le escribió para comprárselo. Animado por esa reacción, hizo lo mismo con los demás y todos encontraron dueño. Desde entonces trabaja tanto por encargo como en colecciones concebidas para exposiciones.
Aunque hoy tiene claro el camino que siguió, Gabriel Kavlin admite que no sabe exactamente de dónde nació la idea. Más adelante descubrió que en España existe una empresa que pinta muñecos de madera como futbolistas, pero aclara que ellos los comercializan sueltos o en cajas, mientras que él les da un contexto artístico al enmarcarlos. Incluso ha experimentado con composiciones más complejas, como una serie en la que los personajes aparecían atravesados por barras de futbolín y posicionados en un arco.
El público ha respondido positivamente a sus propuestas. Afirma que siempre le ha ido bien en las exposiciones y que, una vez concluidas, continúan llegando pedidos de personas que conocieron su trabajo allí. Muchos le envían fotografías de sus hijos o familiares para que los convierta en muñecos personalizados.
La variedad de encargos es amplia. En los últimos días, por ejemplo, entregó figuras de un “somosero”, una cholita y un policía. Para cada obra busca soluciones creativas: el carrito del vendedor de somó está hecho con una esfera de plastoformo recubierta de arcilla y una pequeña rueda de corcho; la cholita lleva ropa confeccionada con aguayo; los músicos de una tamborita sostienen instrumentos elaborados con corcho; y la capa de un Batman salió del plástico que retiró de un juguete de su hijo.

Tras las exposiciones, Kavlin recibe pedidos, desde los simples hasta los complejos.
La experiencia también le ha permitido perfeccionar la técnica. Si al principio necesitaba mucho más tiempo, ahora puede terminar una pieza en un solo día. Confiesa entre risas que los primeros trabajos le parecen muy poco logrados y que, cuando se encuentra con alguien que conserva uno de ellos, le pide que se lo preste para rehacerlo. Considera que ha evolucionado tanto en la pintura como en la construcción de los detalles.
Fuera del circuito de las exposiciones, Gabriel Kavlin prefiere vender sus obras a través de las redes sociales. Antes participaba en ferias, pero concluyó que demandaban demasiado tiempo y que internet le permite llegar a más personas de una manera mucho más eficiente. En Facebook e Instagram se lo puede encontrar con el nombre de El Back Central.
Su relación con el fútbol también explica parte de esta inspiración. Es hincha de Boca Juniors y, aunque en Bolivia no tiene un equipo favorito, gran parte de su vida profesional ha estado vinculada a este deporte. Ha trabajado con la Fundación Alalay, la Fundación Real Madrid, el club Mariscal Brown y actualmente desarrolla proyectos para la Conmebol. Y cuando se le pregunta si juega futbolín, responde con humor: sí, porque, según dice entre risas, “es más barato y divertido que hacer terapia”.

El ya tradicional «somosero» cruceño en un muñeco de futbolín.




