Su libro sobre las elecciones nacionales de 2025 reconstruye uno de los escenarios electorales más singulares de los últimos años. Según el periodista, en esos comicios no sólo votaron los bolivianos, también lo hicieron el cansancio y la economía.
Por Rildo Barba. Fotos Gentileza de Roberto Dotti | 31.08.26

A Dotti le sorprende la paciencia con la que los bolivianos observan los procesos electorales.
Si alguien conoce de cerca cómo se desarrolló el proceso electoral boliviano de 2025, ese es Roberto Dotti. El periodista y productor audiovisual argentino, de 61 años, lleva más de tres décadas viviendo en Santa Cruz de la Sierra, donde ha desarrollado buena parte de su trayectoria profesional. Durante más de dos décadas formó parte del diario El Deber y actualmente integra el equipo del programa radial y de streaming “Asuntos Centrales”.
La literatura ocupa también un lugar importante en su vida profesional. Su más reciente obra, Bolivia: La increíble historia de las elecciones 2025, ya fue presentada en las ferias del libro de Santa Cruz de la Sierra y La Paz, además de dos actividades realizadas en Cochabamba. En el libro, Dotti ofrece una mirada particular sobre una de las elecciones nacionales más singulares de los últimos años y reconstruye sus acontecimientos desde una perspectiva cercana y dinámica.
En sus páginas, el periodista se sumerge en una elección marcada por la fragmentación política, la crisis institucional, los conflictos sociales, la incertidumbre económica y una ciudadanía que reclamaba un cambio, aunque no necesariamente tenía claro hacia dónde quería llevarlo. El autor siguió los acontecimientos prácticamente en tiempo real, registrándolos, analizándolos y poniéndolos en contexto para construir un relato vivo, cercano y cargado de matices sobre una elección que todavía tiene mucho que contar.
¿Qué fue lo que ocurrió en las elecciones de 2025 que te llevó a pensar que era necesario contarlo en un libro?
La historia del libro empezó antes. Durante todo el 2025 dediqué varias horas por día a escribir, investigar, capturar, consultar y entrevistar a gente sobre el tema obviamente, sin despegarme de la coyuntura para no perder detalles. Intuí que sería una elección diferente, que podría ocurrir de todo y que sería un proceso con muchos acontecimientos. Los millones de nuevos votantes decidirían otra forma de gobernar, con otra visión del mundo.
El título habla de una “increíble historia”. ¿Qué episodio o circunstancia de las elecciones te parece más increíble y por qué?
Hubo muchos. A medida que transcurrían los hechos, la historia fue hilando acontecimientos poco comunes. Desde el inicio conformar una alianza desde la cárcel de Chonchocoro (“Tuto” Quiroga, Carlos Mesa y Samuel Doria Medina) con Luis Fernando Camacho ya me pareció algo curioso. Se decía que, si la derecha no se unía, el MAS ganaría de nuevo. El Bloque de Unidad duró poco, marzo-abril, tras conocerse las primeras encuestas, se rompió. El MAS también se dividió en tres partes y no logró participación en la Asamblea Legislativa. Los partidos políticos se transformaron en alianzas que duraron poco, la institucionalidad de los partidos se desdibujó en el mismo proceso. El árbitro de las elecciones (Tribunal Supremo Electoral) tuvo problemas internos y externos y estuvo a punto de colapsar y, además, el Tribunal Constitucional Plurinacional permitió que ciudadanos inescrupulosos presenten cualquier tipo de recursos para trabar el proceso, lo que se llamó “la judicialización de la política”. Listas de partidos o fuerzas políticas incompletas, traiciones, “taxi-partidos”, etc. Los bloqueos, los conflictos y las muertes sucedieron a pocas semanas del día de las elecciones (junio-julio). Hubo convulsión, falta de combustible, el dólar por las nubes y la inflación golpeaba el bolsillo de los bolivianos. Eran condiciones adversas y los protagonistas se enredaban entre campañas sucias, debates insulsos y encuestas “fallidas”. Los pormenores eran definitivamente increíbles.
¿Cómo fue construir un libro sobre una elección cuyo desenlace todavía estaba por conocerse?
He cubierto muchas elecciones, pero esta fue muy particular. Para contarla había que vivir muy cerca de los acontecimientos y leerlos desde el entendimiento de las idiosincrasias de las distintas regiones; empaparse del modo de ser, pensar y sentir de la gente, de sus diferentes lenguajes y de la manera en que sus líderes desarrollaron mecanismos de seducción y enamoramiento político. Construir el libro me llevó a registrar los acontecimientos todos los días, por la mañana y por la noche, para no perder de vista los hechos más relevantes. Tenía claro que lo terminaría el día en que se conocieran los resultados oficiales y definitivos, ganara quien ganara. Es un relato caliente, no escrito desde el espejo retrovisor. No sólo jerarquicé la información más importante, sino que le di contexto y encuadres para ayudar a entender los hechos. También incorporé análisis a partir de la sorpresiva victoria de Paz-Lara en primera vuelta.
¿Hasta qué punto las elecciones de 2025 fueron realmente una ruptura con el ciclo político anterior y hasta qué punto fueron la continuidad de conflictos que Bolivia arrastra desde hace años?
Considero que los datos finales nos dieron claridad al respecto. El MAS casi desapareció, con un 3,1 %, y estuvo a punto de perder la sigla; UCS y ADN, en cambio, sí la perdieron. Evo Morales quedó recluido en el Chapare, consciente de que ya no tenía posibilidades de participar en otra elección. La rearticulación social y política está en permanente movimiento, pero el voto se inclinó por una propuesta diferente que, al menos en los papeles, buscaba dejar atrás la vieja política, aunque algunos insistían en hacerle un refresh. Los procesos son lentos y los cambios, a veces, imperceptibles. Creo que hubo más cambios en la gente que en la clase política. Incluso las nuevas generaciones todavía no están construyendo una nueva manera de concebir la política. Persisten escenarios que repiten patrones dañinos y, muchas veces, quienes intentan renovar son frenados por una perversa maquinaria de corrupción y viejas mañas. Romper con la mala memoria no es fácil.
¿Qué papel jugaron los candidatos, los ciudadanos, las redes sociales y los medios de comunicación en el resultado electoral?
Los ciudadanos tuvieron un papel fundamental. Apostaron por un cambio y, tal vez, sin saber exactamente cuál, pero dejaron claro que no querían más de lo mismo. Las redes sociales, por su parte, muchas veces ensuciaron y nublaron las pocas luces que había. Fueron utilizadas para la guerra sucia, para evitar debates de fondo y para alimentar el chisme y la menudencia. Pueden ser una herramienta muy poderosa, tanto para bien como para mal, y también muy despiadada. Los medios de comunicación tampoco supieron leer el sentir del votante. Estuvieron más preocupados por la dictadura de las aprobaciones que por cumplir su rol de comunicar, orientar y esclarecer los procesos. Al precarizar su labor, se han devaluado y, con ello, también sus productos. Estamos atravesando una profunda crisis en ese sentido, aunque, por supuesto, hay excepciones y muy buenos periodistas.
Después de investigar y reconstruir todo este proceso, ¿qué creés que las elecciones de 2025 revelaron sobre el estado actual de la democracia boliviana?
Mucha fragilidad y debilidad institucional, en los partidos políticos, en el Tribunal Supremo Electoral y en la intromisión de la Justicia. Las recomendaciones que muchas veces dan los expertos, los veedores, la buena prensa, etc. no son tomadas en cuenta por los líderes y “le meten nomás”. Hay que fortalecer las bases, pero también cambiar, renovar y mejorar normativas, leyes y sus fiscalizadores.
Al hacer el libro, ¿qué fue lo que más te sorprendió del país y de su gente?
Me sorprendieron mucho los vaivenes de la política y las mentiras de quienes creen que nadie los va a descubrir. También me sigue sorprendiendo la manera en que algunos dirigentes subestiman la inteligencia de los ciudadanos. Hay muchos atrevidos y mediocres que no están a la altura del rol que pretenden cumplir. Muchos analistas y medios confundieron al paciente y le tomaron mal la temperatura; por eso los resultados terminaron sorprendiendo. De los bolivianos, en cambio, me sorprenden su sabiduría y la paciencia con la que observan los procesos. Votar no siempre significa elegir. También votaron el cansancio y la economía.
¿Creés que los bolivianos elegimos bien o tropezamos con la misma piedra?
Se eligió con esperanza, apostando por un cambio. Ahora, los resultados de esa gestión dependerán de otras cuestiones y circunstancias. En Bolivia se apostó por un cambio sin saber muy bien cómo resultaría. La situación del país era y sigue siendo difícil; hoy, la moneda está en el aire.




