Lo que comenzó hace 14 años como una apuesta emprendedora de una reconocida relacionadora pública, se ha convertido en una marca que ha conquistado paladares de todas las edades.
Por Rildo Barba. Fotos Limbergh Ibáñez | 19.06.26

Cinthia asegura que escuchar a los clientes ha sido clave para el desarrollo de su emprendimiento.
Seguro que, después de leer esta entrevista, tendrás ganas de comerte uno, dos o hasta tres churros. De costra crujiente y dorada, masa suave y un generoso corazón de chocolate o dulce de leche… Lo importante es que tenga harto de ese relleno. A Cinthia Camacho le gusta que sea así, sin que se tacañee el dulzor.
Hace 14 años, esta emprendedora —que bien podría ser considerada hoy la “reina de los churros— convirtió un antojo de infancia en una empresa que hoy tiene seis locales en distintos puntos de Santa Cruz de la Sierra. Así nació Monky’s Churros, una marca que ha conquistado el paladar de miles de personas gracias a una fórmula sencilla: calidad, perseverancia y mucho dulce.
A lo largo de su vida, Cinthia ha vendido de todo. Incluso comercializó aceites terapéuticos durante la pandemia. Fue imagen de Nescafé, trabajó en Nestlé y Fexpocruz, organizó eventos y fiestas, y actualmente combina la administración de Monky’s Churros con la promoción del Salar de Uyuni a través de Hidalgo Tours. Fue su hermano Diego quien le dio el impulso definitivo para emprender. Hoy, además de los tradicionales churros, ha ampliado el negocio con los raspadillos, una gran variedad de cafés y shakes.
¿Cómo nació la idea de hacer y vender churros?
Porque siempre me gustaron los churros. Me recuerdan mi niñez y los recreos del colegio. Después, ya de adulta, me decepcionaba cuando, al pagar por uno deseosa de comerlo, me topaba con que adentro no había nada de dulce. Un día, como ya había trabajado para muchas empresas y en la movida nocturna, tuve la idea de emprender haciéndolos, a mi gusto, ¡lleningos de dulce de leche!
¿Por qué churros y no otra cosa?
¡Porque me encantaban! Siempre los buscaba, pero sólo se encontraban durante la temporada invernal. Yo quería comer churros todo el año.
¿Con qué te topaste al iniciar la empresa?
Con muchísimas cosas. Al principio con las preguntas: ¿dónde vender?, ¿cómo producir?, ¿cuánto cobrar?, ¿quién se encargará de las ventas? Poco a poco las respuestas fueron apareciendo y el negocio tomó forma. En ese proceso, mi esposo (Juan Carlos Saldaña) dejó todo para construir Monky’s Churros junto a mí. Nadie creía que nos iría bien; creo que ni nosotros mismos (risas). Cuando solicité espacios en algunos centros comerciales, los administradores se reían. Me decían que con los 40 grados de calor que puede haber en Santa Cruz, vender churros era una locura. Sin embargo, los estamos vendiendo desde 2012 en todo tipo de clima y circunstancia. El cruceño ama los churros.
Además de los puntos de venta fijos, cuentan con vendedores ambulantes. ¿Cómo surgió esa iniciativa?
Y también tenemos seis carritos para eventos infantiles, bodas y fiestas. La idea de los vendedores ambulantes uniformados en las rotondas nació de mi esposo y se convirtió en una forma de ayuda social. Vimos a algunas personas pidiendo dinero en una rotonda y les propusimos vender churros. Por cada unidad ganan dos bolivianos. Varios de ellos mantienen a sus familias gracias a ese ingreso. Eso sí, existe una regla fundamental: sólo pueden vender cerca de una sucursal para garantizar que el producto llegue caliente y crocante. Nosotros les entregamos los churros en canastas cerradas y, cuando se les terminan, regresan a recargarse.
¿Cómo ha evolucionado el menú desde los primeros días hasta la actualidad?
Comenzamos únicamente con churros rellenos de dulce de leche. Más adelante incorporamos el relleno de chocolate y también una versión sin dulce elaborada con masa vegana. Escuchar a los clientes ha sido clave. Recuerdo que una señora nos pidió acomodar los churros de forma vertical, envueltos con un rozón, como si fueran flores. Quería regalárselos a su “churro” (risas). Nosotros desarrollamos aún más la idea y terminamos creando una torta de churros; incluso las hacemos de dos pisos. Con el tiempo también lanzamos los minichurritos en cono, que han sido un éxito porque son ideales para compartir con los papás o los amigos.
¿Y los raspadillos?
Los raspadillos nacieron como una respuesta al calor de nuestra ciudad y hoy son todo un éxito. Actualmente contamos con tres hermosos carritos que ofrecen una opción refrescante y deliciosa a nuestros clientes. Como muchas de las iniciativas de Monky’s, esta idea surgió de escuchar a la gente. Son los propios clientes quienes, con sus sugerencias y preferencias, nos inspiran a innovar y a convertir nuevas ideas en realidad. De ellos también salió la idea de que hagamos cafés y shakes.
¿Qué papel han jugado las redes sociales en el crecimiento y posicionamiento de la marca?
Las redes sociales fueron fundamentales para sobrevivir a la pandemia. Gracias a ellas recibimos pedidos, vendimos online y logramos mantener ingresos tanto para nosotros como para nuestros trabajadores. Nos ayudaron muchísimo y siguen siendo una herramienta indispensable.
¿Hubo algún momento difícil en el que pensaste en tirar la toalla?
Nunca. Rendirnos jamás fue una opción. Monky’s es un hijo más; forma parte de nuestra familia. Hemos atravesado momentos difíciles, por supuesto, pero siempre encontramos apoyo en personas extraordinarias y en nuestros trabajadores, que nos impulsaron a seguir adelante.
¿Qué aprendiste al emprender?
La mayor lección ha sido la constancia. Estar presente todos los días, llueva, truene o pase lo que pase en la ciudad, atendiendo en los locales o en los carritos. Con Monky’s Churros aprendí que esa es la única manera de sacar adelante un negocio. Ahora queremos volver a La Paz. Estuvimos allí durante siete años mediante una franquicia, pero la persona que la administraba se fue del país. Recibimos muchos pedidos desde esa ciudad y también de países colindantes.

Camacho ha ampliado su negocio: también vende cafés y shakes.



