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EDUARDO BALDELOMAR: «DECIDÍ DARLE VALOR A LA ARTESANÍA, ES LO QUE ENRIQUECE MI ESPACIO»

Con 19 años de trayectoria, el profesional cruceño suma 13 participaciones en Casacor Bolivia y tres en Casacor São Paulo. Es el único boliviano invitado a formar parte de esa prestigiosa muestra.

Por Rildo Barba. Fotos Mariana Landívar, Carolina Mossin y Alvaro Mier / Casacor Bolivia | 15.06.26

En cada detalle de «Casa del valle», Baldelomar rinde homenaje a la tierra, cultura y tradiciones de su padre, fallecido en 2019.

“Casa del Valle” tiene un encanto difícil de explicar y fácil de sentir. Este espacio de Casacor Bolivia reúne living, comedor, cocina, baño con jardín interior y un dormitorio con vestidor, en una propuesta donde la arquitectura y la decoración evocan la esencia de Vallegrande. Cada detalle fue pensado para rendir homenaje a esta tierra de paisajes, historia y tradiciones. Es el escenario con el que su creador, Eduardo Baldelomar, decidió honrar la memoria de su padre, un vallegrandino que, gracias a su esfuerzo y trabajo constante, logró brindar a sus hijos la oportunidad de convertirse en profesionales.

El arquitecto e interiorista, formado en Santa Cruz de la Sierra, Buenos Aires y São Paulo, lleva 13 años convirtiendo cada aparición en Casacor Bolivia en una especie de acontecimiento. En esta edición quiso aprovechar la magnitud del terreno (13.000 m²) para diseñar una casa con características y detalles propias de las que veía en los carnavales de Vallegrande. «Este año, el manifiesto de Casacor es Mente y corazón, y hace referencia al apego que debemos tener a nuestra memoria afectiva. Entonces, fue como si me dijeran “hacele un homenaje a tu papá y a la cultura de su tierra”», expresa.

Pero la visión de este profesional sobre el buen vivir ha trascendido las fronteras bolivianas y encontrado eco en Brasil. En 2024 fue invitado a participar en Casacor São Paulo. Allí presentó “Uyuni”, un sofisticado lounge-bar que incluso incorporó bloques de sal extraídos de ese emblemático atractivo natural. Al año siguiente volvió a ser convocado y sorprendió con “Ceiba Camba”, una propuesta comercial en la que los colores y la identidad del toborochi se convirtieron en protagonistas.

Hoy, consolida su proyección internacional participando de manera simultánea en Casacor Bolivia y Casacor São Paulo, un logro que refleja no sólo la calidad de su trabajo, sino también su capacidad para transformar la cultura, los paisajes y las raíces bolivianas en experiencias de diseño contemporáneo con alcance global.

¿Cómo lo logra?

Tres veces he participado en Casacor Bolivia y São Paulo al mismo tiempo, porque la diferencia de inicio de una y la otra es de una o dos semanas. ¿Cómo lo logro? Sé que todo el mundo se vuelve loco con un Casacor, ahora imagínate dos. El detalle está en que yo tengo un equipo muy bueno y sólido aquí, por los 19 años que llevo como arquitecto; son personas que trabajan conmigo más de 10 y 12 años, me entienden muy bien. Entonces, yo diseño un proyecto y tengo gente para ejecutarlo. En cambio, en São Paulo, me hago cargo de toda la supervisión del trabajo. Allá estoy permanentemente, porque, si bien también tengo un equipo, sólo vamos trabajando juntos tres años. Pero debo decir algo: allá el personal es bastante eficiente, pero muy caro. Aquí te da un poco de dolor de cabeza la mano de obra, pero es más económica.

El arte y artesanía vallunas son protagonistas de “Casa del Valle”. Los detalles arquitectónicos de esa zona también están presentes.

São Paulo le sienta bien. Allá vive desde hace dos años, casi el mismo tiempo que tiene su estudio de diseño sustentable en el que también realiza mosaiquismo. «Esta ciudad es un caos total, pero tiene todo lo que me gusta y me interesa de lunes a domingo, 24/7, y eso me nutre: hay más de 100 museos y más de 100 festivales. São Paulo es donde yo tengo que estar», indica, aunque su esposo, João Artur Gentil, preferiría estar con él en el nordeste brasileño, de donde vino a Bolivia a estudiar Medicina.

La urbe es una metrópoli de 20 millones de habitantes, con un gigantesco abanico de oportunidades laborales; aunque Baldelomar está convencido de que siempre habrá fuentes de trabajo para los profesionales auténticos, responsables y honrados. Considera que el mercado paulista es para personas que destaquen en algo. «Yo ya dejé de ser todólogo. Ahora quiero ser el arquitecto interiorista que trabaja con su cultura en propuestas contemporáneas», refiere.

O sea que le está yendo bien allá… 

Casacor me abrió muchas puertas. Si aquí la muestra es buena, allá es cinco veces mejor. Cuando yo voy allá a una tienda, al saber la vendedora que soy profesional Casacor, llama al dueño para que me atienda personalmente. Es como que te tienden una alfombra roja cuando sos arquitecto Casacor. Su prestigio es tan grande que todo el mundo quiere vincularse con la marca de alguna manera. 

¿Qué significa para usted ser profesional de Casacor São Paulo? 

El hecho de ser el único boliviano en todo Casacor São Paulo, en los más de casi 40 años de historia que tiene la marca, es un honor. Imaginate la cantidad de postulaciones de estudios y profesionales que reciben anualmente; yo tuve la suerte de que me invite Livia Pedreira, una de las curadoras de Brasil. Allá ella es como “Quito” Velasco (el director de la muestra boliviana), junto a otras dos personas más; entonces las tres tienen que ponerse de acuerdo para que un profesional ingrese. Si aprueban, dependerá de tu participación para que te sigan invitando. Si lo hacés mal, te ganás tres cruces. 

Puntualmente, ¿por qué cree que lo han vuelto a invitar?

Porque he cumplido con los tiempos y porque he seguido un consejo que me dieron allá cuando me entrevistaron: “Eduardo, no perdás la identidad. El día que nadie identifique tu espacio como de un boliviano, ya no serás exitoso”. Y eso he hecho. Si alguien me pregunta por qué te invitan a vos y no a otro profesional de Casacor Bolivia, le diría que es porque desde el 2021 yo empecé a trabajar con nuestra cultura, con Artecampo. Dejé de pensar en murano, en cosas que brillan o que son doradas. Decidí darle valor a la artesanía, es lo que enriquece mi espacio; para mí es obra de arte. El camino para quien busca el éxito en el mundo es trabajar con su cultura. 

¿Qué sintió cuando lo invitaron a ser parte de Casacor São Paulo? 

Me sentí realizado. Te cuento que soy una persona de fe; por ejemplo, si pienso en viajar a Europa y no tengo un peso en la cuenta para ir, pasa, lo logro. Obviamente tengo que trabajar mucho para que suceda y eso es lógico: si deseás algo, tenés que trabajar para conseguirlo.

¿Y cómo fue su primera vez en Casacor Bolivia?

Yo sabía de Casacor antes que la franquicia llegue a Bolivia. Compraba la revista en la esquina de la plaza 24 de Septiembre para tener los proyectos publicados como inspiración. En 2012, vi en un periódico que en un evento con arquitectos habían presentado Casacor Bolivia; yo no fui invitado. Tenía menos de cinco años de profesional, no tenía nombre, trabajaba para alguien… Cuando vos trabajás para una marca, vos sos el arquitecto de la marca. Yo trabajaba en una de las empresas de la familia Roda y nadie sabía mi nombre. Pero ahí pude conocer a Patricia Fiaschetti, Patricia Barrón, “Pico” Gutiérrez, Verónica Paz y al mismo “Quito”, porque ellos eran asesores de compra de los clientes. Y me dije: “Algún día quiero trabajar así, que me paguen para que yo decida qué es lo que se ve mejor en su casa”. Después de dos meses que salió la noticia, escribo solicitando mi inscripción y “Quito” me entrevista. Me dijo que sólo había tres espacios y que buscaban gente nueva. Yo creo que fui el único realmente nuevo; todos eran arquitectos con mucha trayectoria, personas conocidas. Yo era el nuevito y, de hecho, era el único de la (universidad) Gabriel René Moreno. Me dieron la entrada, un espacio chico, pero con protagonismo.

¿Qué reacciones ha provocado Casa del valle”? 

Mucha gente se ha identificado con ella, la sienten suya. Y es que el espacio que uno interviene en Casacor tiene que provocar eso a través del arte, las fotografías, los objetos y, claro, también mediante la arquitectura, de algunos detalles… No te imaginás la cantidad de gente de Vallegrande que pasa por aquí, esperan que me desocupe y me dicen: “Eduardo, soy vallegrandino y te agradezco por traer esto acá”. Tener esos comentarios por valorar nuestra cultura es algo que no tiene precio.

¿Qué le dijo su familia? 

Mi papá (Julio Baldelomar) falleció en 2019. No volvimos a Vallegrande después de su partida, aunque él nos hizo amar su tierra, querer incluso la música que se escucha en este espacio. Nadie sabía que le iba a rendir un homenaje en Casacor Bolivia. El día de la inauguración, mi mamá (Lucía Arrázola) se enteró y se emocionó mucho. Lloró.

“Coliving Chiquitano” es el espacio de Baldelomar en São Paulo. El proyecto reúne más de 200 obras de artistas y artesanos bolivianos.

Eduardo Baldelomar siempre quiso ser diseñador de interiores y estaba seguro de que lograría serlo. Pero como a principios de la década del 2000 no existía la carrera en Santa Cruz, tuvo que estudiar Arquitectura. Después hizo Interiorismo como masterado. En su vida laboral ha hecho arquitectura residencial, hotelera, hospitalaria y hasta la llamada efímera, la que monta stands en ferias. Además, ha trabajado con diseño de mobiliario y tuvo un fugaz paso creando un vestido de novia, el de su cuñada. Asegura que los profesionales de su rubro tienen facilidad para todas las artes.

Ahora está metido de pleno con la cultura. «Estoy haciendo algo que no se aprende en ninguna universidad, de lo contrario hubiese hecho una maestría en cultura. Yo mismo estoy investigando, buscando fuentes para proponer proyectos», dice. «En nuestro sistema educativo sólo aprendemos sobre la cultura incaica, que es rica, que es buena, pero que nosotros no nos identificamos con ella; nadie sale bachiller sabiendo de la Chiquitania, una región de la que los cruceños nos sentimos orgullosos. Por eso decidí trabajar con ella».

¿Qué disparó su inspiración por la artesanía del oriente boliviano?

Mi primer espacio en Casacor Bolivia estuvo inspirado en la cuñataí y luego solté mis participaciones con el tema de la identidad. En 2021 lo retomé en la casa de Mario Palma. Charlé con una de sus hijas y vi que su padre tenía una colección grandísima de artistas cruceños. Entonces me propuse estudiar la artesanía y di con Artecampo. Para mí encontrar ese lugar marcó un antes y un después en mi vida como arquitecto y diseñador. Ahí pillé tanta información cultural, cuando yo creía que Santa Cruz no tenía cultura; que lo nuestro se limitaba al tipói, al sombrero de saó, a las cabañas de motacú y a Porongo. Aunque, claro, sabía de las iglesias de Chiquitos, pero hasta por ahí nomás.

¿Cómo es su espacio en Casacor São Paulo?

Se llama “Coliving Chiquitano” y es una sala de estar y despensa. El proyecto reúne más de 200 obras de artistas bolivianos y artesanos de Chiquitos. El diseño incorpora elementos propios de las Misiones, como una nave central, columnas, arcos, molduras y revestimientos de madera. Creo que el espacio tiene un exceso de información, porque Chiquitos es rico en arquitectura, pintura, cerámica, madera, tejido, música… Merece que mostremos la riqueza de sus comunidades en distintos espacios. Por eso pienso quedarme con esta temática por lo menos cinco años más.

¿Usted está pensando en conectar la artesanía chiquitana con el interiorismo en Brasil?

Exactamente. Yo estoy haciendo esa conexión para que los brasileños trabajen con nuestra cultura, porque aquí hay mucha gente que se sirve de lo cultural solamente para vanagloriarse o catapultarse, y después no le da ningún retorno a los pueblos. En São Paulo la gente está interesada en comprar artesanía e incluso en montar galerías de Chiquitos. ¡No te imaginás! Todo lo que hay en mi espacio lo quieren comprar. A diario la recepcionista me dice que hay personas queriendo una obra, que dejaron su teléfono y que me encargan algo. Pero hay un problema: aquí no se puede producir artesanía rápidamente y tampoco hay muchos lugares dónde comprarla.

¿A qué se refiere cuando dice que hay gente que se sirve de lo cultural para catapultarse?

A los que ponen cinco cojines chiquitanos en un espacio y dicen que se inspiraron en Chiquitos. Me parece una falta de respeto que se trabaje de esa manera nuestra cultura, que merece ser estudiada y reinterpretada. Ahora, en São Paulo, la Chiquitania se está mostrando al mundo, porque nadie sabía de su existencia, que es tan rica, que tiene una historia, que tiene arquitectura, música… Yo les digo en mi espacio: “Usted está escuchando melodías del mayor acervo de música barroca misional del mundo. No hay otro lugar que tenga más de 2.000 partituras escritas por los propios indígenas hace dos o tres siglos, y que mantienen viva su cultura.

El diseño de Baldelomar en Casacor São Paulo incorpora elementos propios de las Misiones. Muchos de ellos fueron adquiridos en Artecampo.

DATOS
Casacor Bolivia 2026, Santa Cruz de la Sierra
Ubicación: Av. La Salle, Canal Isuto, a 300 mt del 2do anillo
Costo de entradas: Bs 130 ingreso único / Bs 500 pasaporte (ingreso ilimitado)
Venta de entradas en boletería o través de Ticketeg:
Horario: de lunes a sábado, de 17:00 a 23:00 h
Okey Bolivia
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