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LAURA DONOSO: «TENGO UN TIC EN EL OJO QUE BRINCA CUANDO ALGUIEN ME ESTÁ DICIENDO ESTUPIDECES»

La experiodista regresó a la universidad impulsada por el deseo de informar y educar sobre la diabetes, una condición que ha marcado su vida desde la infancia y que le enseñó el valor de la disciplina, la constancia y el cuidado personal.
Por Rildo Barba. Fotos Gentileza de Laura Donoso | 11.06.26

 

Cuando Laura Donoso Mata llega a un lugar, la energía parece hacerlo con ella. La experiodista y apasionada deportista es conocida por su espontaneidad y esa capacidad de hablar sin filtros, incluso sobre los momentos más difíciles de su vida. Cercana, auténtica y siempre dispuesta a compartir una buena historia, sus amigos más cercanos aseguran que también tiene un talento especial para enterarse —y contar— los mejores chismes.

Muchos la conocieron como presentadora de noticias en Red Uno. Tras un tiempo alejada de las pantallas, regresó a la televisión como parte de un programa femenino de PAT, donde abordó temas diversos con la misma frescura y autenticidad que la caracterizan. «El proyecto “Palabra de mujer” fue fantástico porque educaba a la audiencia y las conductoras también aprendíamos en un debate saludable», recuerda.

Su figura atlética es el reflejo de una disciplina que va mucho más allá de lo estético. Desde niña, Laura convive con la diabetes tipo 1, una condición que la ha llevado a adoptar hábitos saludables y a convertir el cuidado de su salud en una forma de vida. Pero, lejos de conformarse con la experiencia acumulada, decidió asumir un nuevo desafío a sus cuarenta y tantos años: ingresar a la universidad para estudiar Nutrición.

¿Por qué estudiás Nutrición?

Porque, si bien llevo toda una vida aprendiendo sobre nutrición y he tomado cursos de nutrición deportiva, para subir de peso, para perder de peso y hormonal, además de un montón de cosas como suplementación, yo sentía que no tenía la suficiente capacitación para poder aconsejar a alguien sobre cómo alimentarse sanamente. Si me hubiese puesto a aconsejar en base a las clases que pasé, estaría igual que quienes publican videos en TikTok basados en información que leyeron o vieron en otros videos y la dan a personas que se los toman como si fuera ciencia absoluta. Pasa lo mismo que con la gente que entra a los medios de comunicación sin haber estudiado Comunicación y que tanto criticamos. Así que por eso dije, los cursitos no son suficientes, yo quiero un título.

¿Pensás ejercer?

Mi sueño es hacerlo. Me encantaría poder ayudar a personas con trastornos alimenticios, desnutrición, obesidad, trastornos de atracón, bulimia… ese tipo de cosas que tienen mucho que ver con la alimentación emocional. Todos deberíamos saber que la nutrición no es solamente preparar comida rica.

¿Es complicada la carrera?

Había sido una rama de la medicina súper exigente, o sea, aprendo bioquímica, genética, laboratorio, microbiología, bromatología, toxicología, química orgánica… Bien dura; yo no sabía química en el colegio y ahora tengo química entrándome por todos lados.

¿Te han criticado por ser una universitaria cuarentona?

Yo siempre he sido mi peor crítica. La única persona que se ha criticado, que se ha procrastinado y que se ha paralizado al pretender algo, he sido yo misma. Mi miedo al “pucha, ¿y si me va mal?”, “pucha, ¿y si me critican?”, “pucha, y yo voy a ser una mujer de cuarenta y pico años en la universidad”… Pero, ahí estoy, con mis mismos compañeros que tienen la edad de mis hijos (risas), ¡no sabés cómo soy feliz! Para mí fue una de las mejores decisiones que tomé en mi vida.

¿Qué se siente ser estudiante otra vez?

Bueno, ahí llega esa mujer que parece la mamá de todos los estudiantes (risas). Y me motivo; me motiva cada día aprender cosas que no tenía ni idea que estaban vinculadas con la nutrición y que me hacen sentir de verdad poderosa. Porque yo siempre, aquí donde me ven, siempre fui nerd (risas). Me encanta estudiar, me encanta aprender, ¡soy un ratón de biblioteca!

¿Por qué dejaste la televisión si te iba muy bien?

Porque tuve una muy buena propuesta laboral de Cotas. Me iba a dedicar a otra rama de la comunicación, que es la corporativa o empresarial y que también me gusta mucho. De hecho, yo tengo una maestría en Imagen Corporativa.

¿Qué fue lo que más te apasionaba del periodismo televisivo?

Del periodismo y la televisión me encantaba todo. Amaba la adrenalina, la oportunidad que tenía de conocer y de preguntar. Me gusta mucho preguntar porque soy una conversadora innata (risas). Me encantaba conseguir la nota, tener la primicia, estar informada… Esas cosas me apasionaron siempre. Y, obviamente, también me gustan los beneficios que vienen con la comunicación: se te abren puertas, la gente te conoce y todo el tiempo te desafiás a leer y aprender.

¿Alguna vez estuviste tentada a volver?

Siempre estoy tentada a volver, pero hasta el momento no ha habido una propuesta convincente. Además, actualmente hay una avalancha de nuevos talentos que quizá tenga menos exigencias de las que alguien con experiencia pueda plantear a los medios de comunicación.

¿Qué papel jugás en el gimnasio de tu esposo (Jorge Méndez)?

Yo sólo duermo con el dueño, nada más (risas) y de vez en cuando opino algo.

¿Cuándo empezaste a entrenar?

A mis 17 años, Jorge, cuando era mi cortejo, me llevó por primera vez a un gimnasio y me enamoré del entrenamiento con pesas. Llevo 10 o 15 años entrenando sin parar y con conocimiento de base, porque es muy diferente que entrenés rutinariamente y otra distinta es capacitarse para eso. He hecho cursos en Brasil, en Argentina y, durante la cuarentena, tomé cursos en Estados Unidos, tanto como entramiento funcional y nutrición deportiva… La misma diabetes me fue encaminando a eso.

Hablando de la diabetes, ¿cómo ha marcado esa enfermedad tu forma de vivir?

Me detectaron diabetes tipo 1 cuando en Santa Cruz no había más que dos cosas dietéticas: el endulzante Chuker y el chicle Beldent verde. La Coca-Cola sin azúcar no existía; como gran cosa mi mamá me la traía de regalo cuando viajaba a Argentina. Mi vida siempre ha sido de restricciones alimenticias. Primero lo hice por la diabetes y después por el estilo de vida que llevo. Son decisiones que tomé y que, gracias a Dios, me tienen donde estoy y como estoy. Por ejemplo, rara vez tomo alcohol; prefiero estar con un vaso de limonada… Hace no sé cuántos años que no como una salteña y papas fritas… Llevo años manteniendo un porcentaje de grasa bajo y un alto nivel de masa muscular. Todo eso es disciplina, porque, ¿qué es lo único que le gana al talento? La disciplina.

¿Te han criticado por tu cuerpo?

Sí, obvio. Me han criticado por todo: por estar supuestamente demasiado flaca, por subir unos kilos, por tener demasiados músculos… Pero siempre los criticones han sido menos que la gente que me apoya, que me motiva y que me admira (risas). ¿Sabés? Yo ya tengo un cuero demasiado duro como para que me afecten ese tipo de cosas.

Asegura que las personas deben entrenar el estado de ánimo como cualquier músculo.

Siempre te he visto de buen humor, ¿cómo lo lográs?

Antes de que salga la película En busca de la felicidad, yo era una persona que vivía buscándola. Una investigación de Harvard preguntó a la gente qué la hacía feliz… Había sido tu círculo social, las personas que te rodean y las decisiones que tomás cada día. Y es que todas las personas, todo el tiempo, tenemos que lidiar con cosas que son estresantes y dolorosas. Como asumís los 600 minutos de tu vida en relación a determinado tema, es lo que decidirá todo. Entonces, yo decido que nada arruinará mi día. Hasta las cosas más dolorosas que me han pasado trato de verlas con humor. Por ahí es un escudo psicológico para no lidiar con los problemas, no lo sé; pero ese escudo me hace feliz. Soy una persona que de verdad busca liberar hormonas relacionadas con la felicidad y lo hago con cosas simples: abrazando y besando a mis hijos; abrazando también a mis perros, hablando con ellos y sacándolos a pasear. Me gusta disfrutar de una comida rica, echarme en la cama con mis padres*… Estoy convencida de que la felicidad se entrena como cualquier músculo. Tenés que entrenar todos los días tu estado de ánimo.

¿Qué cosas sí logran sacarte de tus casillas?

El desorden y la cuchuquera en la ciudad me colapsan. Tengo intolerancia a la gente estúpida, a los idiotas, te juro. Tengo un tic en el ojo que brinca cuando alguien me está diciendo estupideces.

Laura, dicen que sos malhablada ¿es cierto?

(Risas) Eso de que hablo malas palabras es una leyenda urbana, es un mito. Puedo hablar muchas burreras, ser muy chistosa, pero no soy malhablada. En mi casa estaba prohibido serlo. La peor palabra que mi padre dijo en su vida fue “caracho” y cuando alguna vez yo le dije estúpido a mi hermano me hicieron pedirle disculpas, porque para mis padres esa era una mala, mala, malísima palabra. Mi madre, por su lado, además de no dejarnos hablar malas palabras, no permitía que mastiquemos chicle; para ella era algo sumamente ordinario (risas).

Tus hijos ya son jóvenes. ¿Cómo ha sido acompañar su crecimiento mientras vos también vivías tus propios cambios?

Mis hijos (Jorge Andrés y Renato) son lo mejor que me ha pasado en la vida. Le agradezco a Dios por el nivel de madurez que tienen esos chicos para bancarse una madre que, a veces, tiene su carácter y sus cosas (risas). Los he criado para que sean buenos esposos, buenos hombres. No importa lo que decidan hacer, lo importante es que sean personas de bien.

La experiodista lleva años manteniendo un bajo porcentaje de grasa y un alto nivel de masa muscular.


*Esta entrevista se realizó antes del fallecimiento del padre de Laura Donoso Mata. Señor René Donoso Montero, que en paz descanse.
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