Con el apoyo de su esposo, sus hijos y su hermano, Tiffany Montaño Céspedes produce artesanalmente el dulce de leche y lo vende en su casa y mediante entregas puerta a puerta.
Por Rildo Barba. Fotos Gentileza de Tiffany Montaño | 24.06.26

Tiffany asegura que su dulce marca la diferencia con su presentación, textura, sabor y color.
Lo que comenzó como una forma de enfrentar la incertidumbre económica de la pandemia se convirtió en una fuente de ingresos para toda una familia. Tiffany Montaño Céspedes recuerda que, cuando las restricciones sanitarias afectaron las actividades económicas, ella y su esposo, Juan Pablo Álvarez, tuvieron que buscar nuevas alternativas para sostener a su familia. Hasta entonces, ambos estaban vinculados a negocios relacionados con sistemas de karaoke y productos digitales, pero la paralización de muchas actividades los obligó a replantear sus planes.
“Todo fue reinventarnos en la pandemia”, comenta Tiffany. El emprendimiento nació inicialmente bajo el nombre de Punto Dulce, pero este año fue rebautizado como Don Juancito, en homenaje a su padre, Juan Montaño, recordado por haber sido gerente general de Club Oriente Petrolero. Más allá del homenaje, el nombre reconoce a quien les transmitió el conocimiento más valioso del negocio: la receta del manjar blanco. “Mi papá aprendió a hacerlo de su mamá. Le gustaba tanto que preparaba para él y para sus amigos. Después me pasó la pasó a mí y nosotros la pusimos en práctica durante la cuarentena”, relata.
Desde entonces, la elaboración del manjar blanco se ha transformado en una actividad familiar. Tiffany, su esposo, sus hijos Dieter y Julián, de 12 y 10 años, y su hermano Nicolás participan de diferentes tareas. “Son seis horas de batida para elaborar el producto, así que los chicos ayudan en ese proceso. También colaboran con la limpieza y desinfección de los envases”, explica. Actualmente, Don Juancito ofrece dos presentaciones: una de 900 gramos con un precio de 35 bolivianos y la versión premium de 1.050 gramos que cuesta 40.
Las ventas se realizan en su domicilio y mediante entregas a domicilio, modalidad que ha demostrado ser la preferida por los clientes. Además, abastecen a restaurantes, pastelerías y compradores mayoristas. Aunque han considerado expandirse a otros departamentos como La Paz y Cochabamba, todavía buscan envases más adecuados para garantizar que el producto llegue en perfectas condiciones.
Tiffany reconoce que muchas personas sugieren que el producto debería llamarse majablanco, siguiendo la tradición oriental. Sin embargo, la familia ha decidido mantener su propia identidad. “Nosotros siempre buscamos marcar una diferencia, no sólo en el nombre, sino también en la presentación, la textura, el sabor y el color”, afirma la heredera de una receta que, con la determinación de salir adelante en tiempos difíciles, demuestra que las tradiciones también pueden reinventarse y convertirse en oportunidades de emprendimiento.

Don Juancito ofrece dos presentaciones: la de 900 gr cuesta Bs 35 y la versión premium de 1.050 gr, Bs 40.




