Arte

JUAN BUSTILLOS PLASMA TODO LO QUE PASA EN LA VIDA DESDE SU PERSPECTIVA

El artista yungueño concluyó con éxito la segunda versión de Días de Arte en su domicilio, galería y taller Búho Blanco

Pese a todos los obstáculos, la cultura sigue adelante. Lo demostró Juan Bustillos con la reciente realización de Días de Arte, una muestra de 13 artistas plásticos que ya lleva dos ediciones exitosas en el domicilio, galería y taller del escultor, espacio conocido como Búho Blanco. En el encuentro, el anfitrión presentó una colección inédita de sillas de diseño y esculturas de toros y bustos de bronce.

El artista nos tiene acostumbrados a la belleza y perfección. Aún permanece en la retina la enorme Rosita Pochi, que en 2017 exhibió en el patio del centro cultural Casa Melchor Pinto; ahora la obra –de 2,45 m de alto– adorna un domicilio particular en Puerto Pailas. Otro de sus trabajos monumentales puede ser apreciado en el museo de la Casa de la Libertad, en Sucre: se trata de un caballo de 3,80 m de alto por 6 m de largo.

Y así, a lo largo de 38 años de actividad artística, don Juan nos ha maravillado con figuras humanas y de animales, piezas utilitarias, objetos abstractos y hasta trofeos, como el Tatú Tumpa y el Patujú de Bronce (el primero fue entregado durante varios años por el Festival Iberoamericano de Cine de Santa Cruz y el segundo por el diario El Deber a personajes destacados del año). ¿Recuerdan su escultura del chancho de los candados? Fue expuesta en La Paz y Santa Cruz en 2018 y a los transeúntes les encantó.

Juan Bustillos salió de un caserío de Los Yungas cuando tenía 12 años; dice que lo hizo “machamente”. Se fue a estudiar a La Paz y siendo un veinteañero decidió que en Santa Cruz formaría su hogar. Acá trabajó como obrero hasta que conoció por casualidad a un grupo de talladores de madera que lo fascinaron con lo que hacían. Convencido de que quería dedicarse a ello, tomó un curso en el Taller de Artes Visuales de Marcelo Callaú y desde entonces no ha parado de crear. Asegura que plasma todo lo que pasa en la vida o cómo ve los acontecimientos desde su perspectiva; lo puede hacer de manera realista o abstracta y, según él, lo que no tiene forma es más complicado de realizar.

Cuando se le pregunta si el arte da para vivir, responde que solo si se trabaja 10 horas diariamente. «Quizá no holgadamente, pero bien», dice. Solo un 10 % de lo que hace es por encargo, por eso tiene muchísimas obras guardadas en su taller. «Pero también vendo mucho; en Días de Arte me fue muy bien, pese a los problemas económicos que hay en esta época». A propósito, en Días de Arte participaron alumnos suyos; son sus ayudantes, que trabajan sus propias obras en sus ratos libres. «José García y Darwin Ibáñez aprendieron de cero y, al igual que yo, ellos no dejan de aprender; el artista nunca deja de aprender», explica.   

Apenas ordenó su Búho Blanco, que quedó patas arriba tras la exposición, el artista siguió produciendo en bronce, lo prefiere porque puede durar miles de años bajo cualquier situación climática. ¿Tiene alguna obra consentida? «Complicado de responder… Sería la primera que hice: es un torso de madera que guardo en casa y que poca gente ha visto». Muchos ya tenemos curiosidad de conocerla.

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