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YOVINCA ARREDONDO ESCRIBE LA TERCERA PARTE DE SU HISTORIA CON EMOTICONES

Se califica como “la señora dora” y aparte de eso es actriz, couch, gestora cultural, mánager de una artista y asesora de proyectos de Unitel. El teatro le permitió hacer las cosas que no hizo por tímida y “por opa”.  

En 2017, la actriz Yovinca Arredondo sorprendió con su novela juvenil “Emoticones vemos corazones no sabemos”, el romance de Lucía y Gael que se convirtió en todo un éxito de ventas a escala nacional. Dos años después, y porque el público lo pedía, llegó la segunda parte con título similar: “Emoticones vimos corazones no supimos”. «Cada vez me sorprendo más del alcance que han tenido y me conmueve la empatía de los lectores. Creo que dejaré el teatro y me dedicaré solo a escribir», bromea, aunque podría ser cierto porque ya tiene avanzado el tercero, eso sin contar la agenda “Emoticiónate”.

La pandemia frustró los planes de mucha gente y a Yovinca dos obras, pero ella y su grupo Tucura Cunumi se dieron modos para no dejar de actuar. «El teatro es y siempre será mi vida. Ha sido mi refugio, mi sanación. Con él pude decir y hacer todas las cosas que no hice por ser tan tímida y opa», reflexiona la artista, que el año pasado trabajó en una obra virtual en lo que se llamó Teatro Viral. «Hicimos una ‘wrebet serie’ de las Ranas Borequi; nos inventamos algo para las redes titulado “Las aventuras del curichi”, a modo de seguir creyendo que estamos vivos y de darle un poco de alegría a la gente».

Con que un tercer libro, ¡lo tuyo ya puede ser considerado una saga!
Pues esa es la idea; ahí ando jugando a ser escritora, dizqué (risas). Siento honesta y directa con lo que siento, pienso y vivo.

¿Cómo es que surge la idea de escribir el primero?
Luego de haber vivido un romance virtual que me llevó al cielo y al infierno, una historia de amor que me puso la vida patas arriba, juré que algún día todo el mundo la conocería. Así empecé escribiendo, de a poco, con miedos, entre llantos, alegrías y sin rumbo claro. Me daba terror sacar una novela y que fuera un desastre, pero luego del éxito de la versión teatral (“#Septiembre”), tuve la seguridad y confianza para avanzar en el libro. Después de diez años de bregar, un día me cansé y dije: “O termino esto de una vez o lo tiro a la basura”. En tres meses estuvo publicado y yo feliz porque me saqué un peso de encima.

¡Y vino la segundita!
No pensaba escribir más, al menos mi sueño era solo un libro; pero después de recibir cada día cientos de mensajes de chicos que llorando y emocionados me escribían lo maravilloso que era mi libro para ellos, me puse a escribir el segundo.

¿Vos pagás las impresiones de tus libros?
Yo pago todo, ¡bien lanzada la tipita! (risas). Mi madre me ayudó con la primera publicación, que me salió bien cara porque fue full color. Pero como se vendió muy bien, se recuperó el gasto y, como soy bien cuidadosa con el dinero, guardé las ganancias y con ella prácticamente el otro libro se pagó solo. Obviamente le devolví su plata a mi madre; no le debo ni el saludo a nadie (risas).

¿En qué trabajás, aparte de actuar y escribir libros?
Yo soy la señora “dora”: lavadora, exprimidora, batidora y todas las doras. ¡Hago de todo! En el teatro actúo, dirijo, produzco y escribo… También hago gestión cultural, publicidad y en los últimos dos años he sido mánager de una cantante. Además, suelo dar clases (acting coach) y asesoro proyectos artísticos en Unitel. Pues así, la cosa es que nunca estoy quieta; si no estoy haciendo algo, me lo invento. 

Y hablando de Unitel ¿qué tal fue tu experiencia con la telenovela “Despéiname la vida”?
¡Bellísima! Estuve en los dos proyectos de Unitel, “Me enamoro de ti” y “Despéiname la vida”. Por cierto, el primero se inició conmigo: yo dando clases y preparando a todos los chicos de “Calle 7” para la serie y ahí terminé actuando. Para “Despéiname la vida” hice el casting principal. No puedo negar que nunca pensé que en Bolivia se pueda grabar una telenovela; pensé que me iba a morir sin ver una, pero se dio. Lastimosamente no hubo continuidad; esperemos que se dé pronto.

¿En qué tiempo te dedicás a tus hijos?
Pues mi gato es súper independiente, igual que mis dos perritos (risas). No, no tengo hijos. 

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