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«LA LLAJUA REPRESENTA LA ESENCIA DE BOLIVIA: DIVERSIDAD, TRADICIÓN Y CARÁCTER»

Miles de personas la siguen en sus redes sociales tratando de aprender a cocinar. La leche de tigre la llevó a generar contenidos.
Por Rildo Barba. Fotos Gentileza de Vania Quinteros | 09.06.26

Es difícil no sentir antojo al recorrer los videos que Vania Quinteros comparte en sus redes sociales. En cada publicación aparecen platos tradicionales bolivianos preparados con esmero, capaces de despertar recuerdos, orgullo y, por supuesto, ganas de comer. Sus seguidores se cuentan por miles y muchos de ellos no sólo admiran las recetas: también se animan a prepararlas.

A sus 31 años, Vania se ha convertido en una de las creadoras de contenido gastronómico más reconocidas del país. Sin embargo, su vínculo con la cocina comenzó mucho antes de las redes sociales. La culinaria siempre estuvo presente en su vida y fue una pasión que compartió con su padre.

Todo comenzó de manera inesperada. Un día, mientras almorzaba con él en un restaurante, probó menudito, una sopa picante y contundente que se distingue por combinar tres tipos de carne. El sabor la conquistó de inmediato. Tanto fue así que decidió prepararlo en casa.

Aquella experiencia culinaria marcaría el inicio de un camino que transformaría su relación con la gastronomía. «Me sorprendió que muchas personas en Sucre no conocieran este plato; así que empecé a venderlo por delivery. Lo hizo por algunas semanas hasta que llegó la cuarentena por el covid», recuerda.

Durante el encierro consumió cientos de videos sobre recetas. Fue entonces cuando nació Supay, un restaurante virtual que cada fin de semana ofrecía un plato distinto: mondongo, ranga, picante mixto y muchas otras preparaciones. Las visitas a los mercados y el descubrimiento del enorme trabajo que existe detrás de cada uno de ellos fortalecieron su admiración por la cocina nacional.

Al cabo de un año tuvo que hacer una pausa. Los problemas de columna que padecía le impedían permanecer mucho tiempo de pie. Sin embargo, el alejamiento de las ollas fue sólo temporal. Poco después surgió la oportunidad de crear contenido para redes sociales. «Un amigo me pidió hacer videos para promocionar la marca de singani. El primero que hicimos fue el de la leche de tigre; se viralizó y, más allá de los números, me mostró el impacto que puede tener la culinaria», puntualiza.

Le llovieron los mensajes; la mayoría provenían de bolivianos que vivían en el extranjero y extrañaban los sabores de su tierra. Aquella reacción le confirmó a Vania que la gastronomía era mucho más que comida: era memoria, identidad y pertenencia. Desde entonces cuenta historias a través de la comida.

Vania considera que Bolivia tiene una diversidad gastronómica gigante.

Bolivia tiene una enorme diversidad culinaria. ¿Qué sabores o platos sentís que todavía no reciben el reconocimiento que merecen?

Si hablamos de Sucre, creo que platos como el ckocko de pollo, el freído padillense o la sullka merecen mucho más reconocimiento. Cada uno tiene una historia y su propia personalidad. A nivel nacional, considero que la culinaria cruceña aún no recibe toda la atención que merece; el uso del tacú, la cocina a leña y la riqueza de sus ingredientes reflejan una tradición que debería tener mayor visibilidad en todo el país.

¿Creés que la gente se entusiasma al punto de querer cocinar lo que ve en tus videos?

Sí, totalmente. Mi plataforma más fuerte es TikTok; ahí es donde recibo más mensajes, preguntando sobre tiempos de cocción o hasta cómo reemplazar ingredientes que en el exterior no son fáciles de encontrar o que, por último, no existen.

Entre tantos platos tradicionales, ¿cuál considerás que representa mejor la bolivianidad y por qué?

Difícil elegir un solo plato porque Bolivia tiene una diversidad gastronómica gigante. Si tuviera que elegir algo que represente nuestra identidad, sería la llajua. No es un plato, pero es el acompañamiento que está en todas las mesas bolivianas, y es la prueba de la diversidad que tenemos. Desde hacerla con locoto, cumbarito, ají gusanito, huacataya, quirquiña o cebollita, demuestra cómo un producto sencillo puede convertirse en un símbolo cultural. Para mí, la llajua representa la esencia de Bolivia: diversidad, tradición y carácter.

¿Qué tan importante es para vos rescatar recetas tradicionales y, de alguna forma, visibilizar a quienes se dedican a comercializar esos platos?

Importantísimo. La comida es una de las expresiones más poderosas de las culturas. Detrás de cada receta hay personas, costumbres, historias familiares y formas de vida que merecen ser contadas y preservadas. Aunque el tiempo no siempre me permite grabar ni mostrar todo lo que quisiera, mi objetivo es seguir visibilizando esos procesos y a quienes mantienen viva nuestra gastronomía todos los días.

En tiempos donde predominan las tendencias fáciles en redes sociales, ¿cómo lográs mantener contenido auténtico y conectado con la cultura boliviana?

Trato de mostrar nuestra comida como parte de nuestra vida cotidiana y presentarla de una manera sencilla y cercana. En la gastronomía no existen verdades absolutas; cada familia tiene su propia versión de una receta. Lo importante es respetar la esencia de cada plato y transmitir el valor cultural que hay detrás de él.

Hablando en serio: ¿vos cocinás lo que mostrás en tus redes?

¡Sí! Yo preparo todo lo que muestro. Mi mamá me enseñó todo lo que sé de comida nacional. Siempre fui curiosa y me gustaba ver cómo preparaba lo platos, así que todo lo que grabo lo preparo yo, con algo de mi estilo.

¿Planes a futuro?

Quiero seguir creciendo de manera constante en redes sociales y dedicar más espacio a contar historias sobre nuestra gastronomía, sus ingredientes y las personas que la hacen posible. El sueño de activar Supay aún sigue vivo; sé que es un proyecto que requiere tiempo, inversión y mucho esfuerzo, pero es una meta que aún me debo. Estoy convencida de que llegará el momento adecuado para hacerlo realidad.

¿Creés que las redes sociales han ayudado a revalorizar la cocina boliviana entre las nuevas generaciones?

Totalmente. Ver como creadores con tanta influencia se interesan por nuestra cocina hace que los jóvenes la respeten y se interesen más en ella, en conocerla, en probarla y en transmitirla a más personas. Es la mejor forma de llegar a ellos.

Decime tres platos para mostrar Bolivia a un extranjero…

Elegiría un plato de cada región para mostrar la diversidad gastronómica del país: fricasé, ckocko de pollo y majadito batido. Del fricasé hablaría de las sensaciones que despierta: desde el calor que devuelve al cuerpo, hasta ese sabor inconfundible que tiene la primera cucharada; además, de cómo se ha ganado la fama de ser la cura mágica para el chak’i. Del cocko de pollo contaría cómo la cocina boliviana ha sabido transformar influencias históricas en algo propio; de cómo la chicha con condimentos puede crear algo tan exquisito como este plato sucrense. Por último, del majadito diría que es un plato que puede parecer simple a primera vista, pero que refleja como pocos el orgullo y el respeto que las personas del oriente le tienen a su gastronomía.

Según la creadora de contenido, cada platillo tiene una historia y su propia personalidad.


Las redes sociales de Vania Quinteros

TikTok: https://www.tiktok.com/@vaniaquinteros 

Instagram: https://www.instagram.com/vani_quinteros/

Facebook: https://www.facebook.com/profile.php?id=100063617441394

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