Entrevista

MARIAM NAZRALA: «NO PUEDO PERDER LA OPORTUNIDAD DE MOSTRAR EL ROSTRO DE CANDIDATOS CON CAPARAZONES»

La periodista cruceña atraviesa una etapa distinta en su vida. Aunque continúa siendo la número uno de los infomerciales, decidió dejar de lado algo que la acompañó durante más de cuatro décadas en su oficio. Revitalizada y con una mirada más clara que nunca, hoy conduce un programa en el que busca mostrar a los políticos tal como son.

Por Rildo Barba. Fotos de Jorge Gutiérrez 26|02|2026

Sus padres eran sirios y ella ama la cultura que le heredaron.

Aparece por la puerta del salón donde se realiza un evento luciendo una entallada blusa naranja y zapatillas a tono que contrastan con un pantalón negro impecable. Pero hay algo distinto en su imagen: Ya no es la Mariam Nazrala de los ojos delineados al extremo y con sombras intensas que marcaban su estilo. Se la ve diferente, incluso más joven.

Así está luciendo en la tele la “señora de los infomerciales”. En el contexto de las elecciones subnacionales, conduce “Entre usted y yo” (Gigavisión), un espacio en el que busca despojar a los candidatos del discurso prefabricado, confrontarlos con preguntas directas y ofrecer a los electores mayores elementos de juicio para tomar una decisión informada.

¿Cómo es que la “reina de las ventas” (así la denominó un medio de comunicación) volvió a entrevistar políticos?

(Risas) ¡Ay, no! A mí no me gusta eso, pero cuando me lo dicen lo disfruto (risas). ¡Yo creo que todas las mujeres somos reinas! Mi padre siempre me dijo que yo lo era para él. Y bueno, en el colegio fui reina de mi curso (risas). Respecto a su pregunta, a mí el periodismo me llama; es mi vida; aunque ya no lo hago tan de frente. Ahora que estamos con ambiente político, no puedo perder la oportunidad de mostrar el rostro de candidatos con caparazones. Con sutileza, busco perforarlos para que la gente conozca ciertas cosas que no se ven a través de las notas periodísticas, pero sí cuando uno los trata. Entonces, es bueno que los electores valoren la personalidad de cada de uno de ellos, sus emociones, reacciones, madurez y formación política. Creo que todo eso es importantísimo para la decisión del pueblo.

¿Usted cree que el público valora este tipo de programas o lo ve más como un show televisivo?

Yo intento que la población tenga a los candidatos lo más descubiertos posibles para saber por quién votar, porque estamos cansados de los interesados, de los dueños del poder. Estamos hartos de gente que sólo por ambición busca más poder; entonces hay que conocerlos a fondo.

¿Alguna vez usted quiso entrar al mundo de la política?

No, la verdad es que… En dos oportunidades me ofrecieron, pero fui clara: no. No me sentía formada como para entrar en ello. Además, en esos momentos la responsabilidad sobre lo que había encaminado mi vida era demasiado grande: un formato comercial con grabaciones de 20 minutos donde se muestra lo grande o lo pequeño de todo.

Tocando ese tema, ¿cómo es que, tras casi 26 años con las publinotas, usted sigue vigente? Considerando que las redes sociales les quitaron anunciantes a los medios tradicionales…  

No lo sé, los clientes vienen (risas); yo creo que les ha ido bien; pienso que, desde que probaron conmigo, fueron felices (risas). Pasa de que aquí no hay poses; las ventas son ventas y listo.

Bueno, ahora dígame, ¿qué pasó con su maquillaje?

¿Me veo mal?

No, pero sí distinta.

Me dicen que mi cara está lavada (risas). Le cuento que no estaba en mi lista descartar el maquillaje, pero ante la necesidad de obviar los lentes, decidí hacerme poner los intraoculares y el oftalmólogo recomendó que debía estar así un tiempo. Vivía pisando, reemplazando, quebrando y olvidando los lentes, así que quise ser más práctica y aquí estoy, ¡con ojitos nuevos!

¿Le gusta verse así?

Me gusta y me siento bien. Creo que ya estoy en otra etapa de mi vida, encima de los 60 años. Soy Mariam sin maquillaje y sigo siendo Mariam.

¿Qué le dice su esposo (Ricardo Zambrana), sus hijas (Mariam Andrea y Gretta)?

A él le encanta porque en casa siempre estuve con la cara limpia. De hecho, siempre me preguntó por qué no dejaba de pintarme; pero el maquillaje es parte de mi esencia, no descarto usarlo para las fiestas. En cuanto a mis hijas, a ellas les encanta verme con los ojos bien delineados y marcados; siempre me han comprado cosméticos y han llegado con novedades para mí.

La esencia a la que se refiere, ¿es por sus raíces árabes?

Sí, mis padres eran de Siria. Pero fue él (Elías Nazrala) quien me motivó a estar siempre maquillada. Mi papá decía que toda mujer debería causar sensación con su rostro por alguna razón: por la mirada, por la sonrisa o por los adornos que llevase encima, como joyas, por ejemplo; debía destacar y estar permanentemente limpia y perfumada. Entonces, el cuidado y la producción era todo el tiempo en mí, incluso cuando hacía deporte. Él pensaba que una mujer descuidada era una mujer floja.

¿Y su mamá?

Mi madre (Carmela Casap) era muy sencilla, por las circunstancias en las que vivió. Quizás por eso él tomó ciertos recaudos con sus hijas. A tres de mis cuatro hermanas les gusta estar siempre bonitas, siempre arregladas; a la otra no tanto. Pero sí mi madre gozaba usando joyas, las mostraba; pero nunca se maquillaba.

¿Por qué siempre la conocí maquillada?

Porque lo hago desde mis 14 años (risas). Imagínese, después de 40 años me estoy quitando el maquillaje de los ojos públicamente. En mi época de periodista, yo salía a las cuatro de la mañana para cubrir los operativos contra el narcotráfico y tenía que estar pintada todo el día para la televisión. Entonces, cuidaba mucho de que mis ojos se noten: ojos grandes, hundidos… A mí me encantaba porque se veían diferentes, se notaba el estilo árabe y me enamoré de él al punto de pronunciarlo más.

¿A los 14 años? ¿No era muy pelada para esos janucheríos?

No, no. La verdad es que nuestros valores estaban profundamente arraigados en el trabajo, en la cultura, en el oficio y en mantener siempre la mente ocupada; lo demás fue, digamos, una añadidura. Sin embargo, sin querer queriendo, eso fue importante para el resto de mi vida, para mi trabajo. Con cosas como esa aprendí a sobresalir en todo, lo marcaba todo: la voz, el aspecto, el vestuario, la producción… Eso soy yo. Me hago ver, me hago notar y me gusta.

Muchos años maquillándose a diario, ¿no siente que se esclavizó?

No, porque también lo utilicé para desestresarme. Me encantaba sentarme y dedicarme 40 minutos sólo a mis ojos. Maquillarme era un tiempo de reconciliación conmigo misma: tomar el lápiz, delinear, volver a pintar y repetirlo una y otra vez hasta que quedara perfecto.

¿No tuvo miedo de dañar su piel?

Tuve cuidado con los productos que utilizaba. No tengo arrugas que me preocupen, sólo las normales de la edad; pero no veo que me haya deteriorado el rostro.

Hablando de edad y cambios físicos, ¿ha pensado en someterse alguna cirugía estética?

No, todavía; pero no descarto nada.

Pero, en serio, ¿le gustaría arreglarse algo?

Si se pudiese, lo primero que sería fuese estirarme, aumentarme tamaño para tener más estampa (risas). No, en realidad, me haría algunas cositas: un poquito de pompis, levantar un poco el busto… Pero nada que me quite el sueño. Soy gruesita, pero no he tenido mucho abdomen, así que con eso no tengo problema. Mi prioridad ahora es vivir más tiempo con mis nietas y con mi familia.

Mariam lleva 26 años con las publinotas y más de 40 en el periodismo.


 

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