Entrevista

ROSARIO SCHAMISSEDDINE: «LA CREDIBILIDAD ES LA COHERENCIA ENTRE LO QUE SE PIENSA, SE DICE Y SE HACE»

A pocos días de las elecciones municipales, la candidata a la Alcaldía hace un recorrido por su trayectoria. La suya es una historia marcada por el trabajo, la lucha frente a la adversidad y el anhelo firme de construir una ciudad más amable, humana y próspera para sus ciudadanos.

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Rosario Schamisseddine es candidata a la alcaldía con la alianza Unidos.

Servir a los demás y hacer el bien no es sólo una frase para Rosario Schamisseddine Somoza, sino una convicción que ha guiado su vida. Con esa premisa, la empresaria postula por tercera vez a la Alcaldía de Santa Cruz de la Sierra. “No me canso; esta ciudad necesita una autoridad con sentido humano para reconstruirla. Yo puedo hacerlo”, afirma con determinación.

Hija del inmigrante libanés Bahige Shamisseddine y de Ada Somoza, a quien describe con cariño como una “cambinga boninga”, Rosario asegura que conoce los barrios al haberlos recorrido vendiendo de puerta en puerta, conversando con las familias y escuchando de cerca las necesidades más urgentes. Esa experiencia despertó en ella el deseo de asumir la Alcaldía, con el objetivo de mejorar áreas clave como la salud, la educación, la seguridad ciudadana, entre otras.

En el ámbito empresarial, junto a su hermano (Megel), administra la cadena de supermercados Fidalga, conformada por 14 establecimientos de gran formato y 11 pequeños en Santa Cruz de la Sierra y La Paz. Su liderazgo también trasciende fronteras: desde hace tres años encabeza la Asociación Boliviana de Supermercados (Asobsuper) y forma parte del directorio de la Asociación de las Américas de Supermercados como tesorera.

A las puertas de convertirse en abuela por quinta vez, vive esta etapa con la misma fuerza y entusiasmo que han marcado su trayectoria, siempre cercana a sus hijos Alejandra, Marco, Jorge Andrés y Mateo. En medio de sus múltiples actividades, encuentra en ellos el espacio de equilibrio, el motor que la impulsa y el recordatorio de por qué vale la pena seguir soñando.

¿Usted siempre quiso dedicarse al comercio?

No, honestamente nunca se me ocurrió. Yo pensaba en ser maestra o médica, pero se me dio comerciar porque ya estaba en mi ADN gracias a mis padres, con quienes aprendí a comprar y vender. Yo tenía la capacidad, ese click para saber qué es lo que la gente quería, porque de eso se trata justamente el ser comerciante: no es vender lo que uno quiere vender, sino lo que los clientes están buscando o necesitando.

¿Cómo nacen los Fidalga?

En 1975, mi madre abrió una distribuidora de cepillos para el cabello con ese nombre en la calle Suárez Arana, en el barrio La Codiciada (zona del mercado Los Pozos). Entonces, el dueño le regaló un letrero que decía Casa Fidalga y el negocio se amplió a una tienda de abarrotes. El 15 de agosto de 1986, con 21 años, inauguré mi primer supermercado: Macro, en la zona del Avión Pirata, el barrio donde crecí. Después abrí otro, pero en 1993, por circunstancias adversas, me quedé sin nada y con tres hijos a mi cargo. Tuve que volver al punto de partida y empezar desde abajo: vendiendo fósforos en el mercado La Ramada. No me hice drama de volver, porque me encanta hablar con la gente y ganarme cada oportunidad con esfuerzo propio. En 1996, mi madre compró el supermercado que había sido mío y el nombre se amplió a Macro Fidalga. Años después, gracias a la confianza del Banco Mercantil Santa Cruz, pudimos comprar también un súper que había en la plazuela Blacutt, donde yo iba a vender panchitos buscándole a la vida. Primero le ofrecí al dueño, un señor chileno, ayudarlo a que reflote, pero él quería volverse a su país y entonces hicimos el negocio. Ese supermercado es hoy el Fidalga de la Blacutt.

En algún momento usted fue denominada “la reina de los supermercados”, ¿a qué se debió eso?

Fue un honor que me otorgó la Cainco (Cámara de Industria, Comercio, Servicios y Turismo de Santa Cruz). En 2004, junto a un gran visionario como lo fue Mateo Kuljis, recibí la distinción de Empresaria del Año. Para mí significó un reconocimiento profundamente valioso: no sólo por el galardón en sí, sino porque destacaba mi decisión de competir, con apenas 38 años, frente a grandes imperios corporativos y económicos.

¿Es difícil lidiar con tanta gente?

Es un trabajo muy pesado, duro. No es fácil manejar más de 50.000 ítems, más de 1.000 trabajadores directos, 1.500 proveedores… El incremento salarial fue fuerte, nos hizo tambalear, nos obligó a revisar números y a replantear estrategias. Sin embargo, seguimos firmes. Las crisis pasan; son etapas que ponen a prueba la capacidad de adaptación y liderazgo. Sin duda, el negocio de los supermercados es complejo, demanda atención permanente, disciplina y visión. Pero para quienes sienten pasión por lo que hacen, también es una actividad muy gratificante.

¿Cuán importante es la credibilidad para Rosario Schamisseddine?

Es uno de los activos más valiosos que puede tener una persona. No se compra ni se impone, se construye; la credibilidad es la coherencia entre lo que se piensa, se dice y se hace. Es el resultado de actuar con honestidad, cumplir compromisos y asumir responsabilidades, incluso en momentos difíciles. Mirá, te nombraré nuevamente al Banco Mercantil Santa Cruz: cuando pasó el accidente (incendio) del Fidalga de Equipetrol, la pérdida fue millonaria y yo debía muchísimo porque el supermercado era nuevo, lo acababa de construir con el 80 % financiado. Y ellos me volvieron a prestar pese a la deuda existente. Esa confianza me ha impulsado a seguir adelante; cuando alguien es creíble, genera fiabilidad, seriedad y prestigio.

¿Cómo hizo para salir a flote luego de los incendios de sus supermercados?

No fue fácil, me costó porque no soy de acero, pero lo hice. Lo material se pierde y se recupera. Se vuelve a empezar, se trabaja el doble y se reconstruye paso a paso. Con el tercer incendio, el de Equipetrol, la situación fue muy dura; me golpeó mucho porque yo no lograba comprender cómo había sucedido. En ese momento no quería nada más, pero me levanté por mis hijos. ¡Las madres siempre nos levantamos por nuestros hijos! Nos ponemos de pie y seguimos adelante. Yo salí a flote por ellos, especialmente por el menor. Sólo Dios sabe lo que viví y así como pude reconstruirme después de haber caído, también estoy preparada para reconstruir la ciudad que amo.

Con su hija Alejandra, de quien tiene todo el apoyo del mundo.

Seguro que le han preguntado ya varias veces: ¿por qué insiste en ser alcaldesa?

No puedo mirar hacia otro lado viendo a la ciudad de mal en peor. Por Santa Cruz no me voy a rendir; le dije al Señor: “Yo me hago cargo de todo lo que está mal. Esto te juro que lo voy a cambiar”. Las circunstancias no me lo han permitido, pero esta será la última vez. Si no logro conectar con los ciudadanos, levantaré ya las manos.

¿Usted cree que una mujer alcaldesa solucionaría los problemas de la ciudad?

No, no es cuestión de género. Pero sí creo que a Santa Cruz ya le toca tener una mujer alcaldesa; una mujer que sabe administrar, que ha trabajado mucho en su vida. No he heredado nada de nadie y nadie me ha mantenido. Sé de números y estoy convencida de que la plata alcanza para todo cuando nadie se la roba, y eso es lo que ha venido sucediendo en las últimas gestiones municipales.

En esta época de redes sociales, ¿qué dice de los comentarios de los haters? ¿Le afectan?

Algunos que han sido muy duros, sobre todo con mi familia, me han afectado. Pero entiendo que quienes hablan y luego escriben es porque tienen la boca ligera, porque no tienen algo de valor que decir o pensar. Yo jamás perdería el tiempo hablando mal para los demás. Uno tiene que vivir sin preocuparse de la vida ajena ni inventando cosas; si lo hacés, no progresás en la vida. Creo que los espacios en las redes dedicados a eso son pasatiempos vacíos.

Mucha gente cree que los políticos salen a las calles en tiempos electorales, todos interesados en conseguir votos…

Yo llevo 20 años conociendo la realidad de la ciudad al visitar los barrios y recorrer las calles. Obviamente, ahora eso es notorio por el tema publicitario y por los medios de comunicación que están pendientes de uno. Y si alguien habla de la ayuda que doy, no es porque ahora sea candidata que lo estoy haciendo. Quienes me conocen saben que me gusta ayudar a la gente, que siempre lo he hecho, pero sin hacer propaganda; porque creo que cuando uno da la mano lo tiene que hacer de corazón.

¿Ha tenido el apoyo de su familia en sus emprendimientos políticos?

No, sólo de mi hija. Lo que pasa es que en mi familia no estamos acostumbrados a hacer pública ninguna actividad y menos las de casa. No nos gusta ostentar ni exponernos; pensamos que las cosas más bonitas son privadas. Lo público es para los actores, la gente de la farándula que vive de ello. Mi madre siempre nos ha dicho: “Mientras más alto estés, agachá más la cabeza”. Pero, claro, siempre hay una ovejita negra en la familia y en mi caso esa es mi hija Alejandra (risas); a ella le encanta la publicidad y toda la bulla.

¿En qué se parece usted a su madre? 

Creo que me parezco más a mi padre. Soy soñadora, intrépida… A mi padre le gustaba la política, era emenerrista y mi madre falangista, así que ya te imaginarás (risas). ¡Pero todos hinchas de Oriente Petrolero!


Fotos de Limbergh Ibáñez 

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