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ROXANA IBÁÑEZ: «ME CUESTA NO MINIMIZARME; EN EUROPA, MUCHAS VECES, ME HE SENTIDO PEQUEÑA»

Enamorada del periodismo de lifestyle, esta beniana escribe en España para el diario La Vanguardia y las revistas Clara y Viajes National Geographic. Su meta: seguir aprendiendo y creérsela.

Por Rildo Barba. Fotos proporcionadas por Roxana Ibáñez | 10.04.26

Roxana Ibáñez Machado se sorprende cuando le propongo entrevistarla. No cree tener algo relevante que decir, ni que alguien quiera saberlo. Tras explicarle que es una periodista boliviana que trabaja en España para medios internacionales —uno de ellos, el segundo diario más importante del país—, acepta.

Vive en Cubelles, un pueblo a 50 kilómetros de Barcelona, adonde llegó hace nueve años, en parte por amor y en parte para cursar un posgrado en Comunicación y Periodismo de Moda. Terminó el curso y también casada. Luego reunió a sus dos hijas y, con ellas, empezó «una nueva vida al cien por ciento», como puntualiza.

Nacida en San Borja (Beni), estudió Comunicación Social en la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno, en Santa Cruz de la Sierra. Sus primeros pasos laborales fueron en una red televisiva, haciendo cobertura nocturna; después trabajó en el diario El Día, en el suplemento de farándula, y en una revista de salud, belleza y moda. Con estos temas cerró su etapa en Bolivia, en la web del periódico El Deber.

Ya en España, su interés por la moda la llevó a buscar una oportunidad en La Vanguardia. Tras una prueba que no esperaba superar, le pidieron más colaboraciones. Hoy, sus textos se publican tanto en la web del diario como en Magazine, la revista dominical dedicada al estilo, la moda, la buena vida, el diseño y la cultura.

En esa misma línea, escribe para la revista Clara, del grupo RBA —editor de varias publicaciones, entre ellas Viajes National Geographic, que también ha acogido sus trabajos—. Además, colabora con Fira de Barcelona, empresa especializada en ferias y congresos, donde aporta contenidos para su exposición de turismo y nutre su blog de viajes.

La moda y los viajes le han permitido moverse entre España, Italia, Reino Unido, Grecia e, incluso, Vietnam para conocer a grandes personajes, ateliers, cubrir eventos y descubrir lugares fascinantes, donde el lujo y el buen vivir suelen marcar el ritmo. ¿De verdad no habría motivos para entrevistar a Roxana Ibáñez? Sobran.

¿Cómo fue que, teniendo trabajo estable y dos hijas, te animaste a dejarlo para empezar de nuevo en un país lejano?

Siempre he tenido un espíritu curioso, atrevido. Desde muy joven tuve en mente salir del país en busca de proyectos, cosas nuevas para mi vida. Quería progresar como soñamos muchos bolivianos. Y entonces, trabajando en El Deber, se dio la relación con David (Dusster), algo que no fue planificado, más bien yo diría que fue espontáneo. A él le quedaba apenas un par de meses para regresar a España, así que todo fue muy rápido. Ya aquí, el primer año fue difícil, echaba de menos a mis hijas, a mi familia, a mis amigos… a mi entorno. Al año y medio hicimos los trámites para traerlas y quedar totalmente tranquila.

¿En algún momento tuviste miedo?

Sí, tuve muchísimo miedo, todo era nuevo para mí. En Bolivia era periodista y había conocido algo de mundo, poquito; lo más lejos que había salido era a Argentina y Paraguay, adonde fui por trabajo. Pero, claro, pasar el charco era otra cosa. Tenía mucha ilusión y a veces, incluso ahora, miedo de algunas cosas; pero bueno, las voy superando poco a poco, porque hay que enfrentarse cada día a los desafíos.

¿Cuáles son esas “cosas” a las que le tenés miedo?

¡Uf! Ya he avanzado bastante, pero bueno, cada día se aprende. Yo sigo estudiando; por ejemplo, el inglés lo tengo a un nivel medio para defenderme. Entonces estoy preparándome mucho en eso, porque para trabajar aquí nadie te pregunta si sabes inglés o no; directamente el trabajo engloba. A la edad que tengo, aprender inglés para mí es un esfuerzo, pero lo necesito por el trabajo.

Trabajás de forma freelance, ¿preferís hacerlo así o sería mejor en una sala de redacción?

Creo que el periodismo debe adaptarse a las circunstancias porque siempre está en constante movimiento: un día los periodistas estamos en una sala de redacción y otros fuera. Entonces, me gustan ambas formas de trabajar. En redacción tienes ese contacto con los colegas que genera debate y en el que surgen ideas. En casa no tienes eso, pero puedes gestionar tu tiempo y tu espacio; si te quieres tomar un día libre o trabajar hasta altas horas de la noche puedes hacerlo… Eso a mí me ha pasado, sobre todo con artículos a los que me ha costado encontrarles forma y no saber cómo empezar a escribirlos. El trabajo freelance me ha permitido estar de cerca de mis hijas, verlas crecer, ver qué hacen, llevarlas a la escuela…

¿Cómo supo La Vanguardia de vos? ¿Cómo llegaste a ese periódico?

Envié lo que había hecho en Bolivia, sobre todo la revista +Vida (El Día); la que creo que, junto a mi paso por la web de El Deber, me abrió camino. Bueno, es una mezcla de todo. Pienso que todo lo que te pasa en la vida, te prepara para algo grande que viene. Lo que aprendí en Bolivia, hizo mi currículum para que lo vieran acá.

En el sentido de las agujas del reloj: Roxana con la diseñadora Karin Gustafsson, el diseñador Manuel Fernández, el chef Miguel Caño y el actor Adrien Brody.

Decime, entre las personalidades que has entrevistado, ¿cuáles han sido las que más te han puesto nerviosa?

Yo diría que todas las primeras, porque sentía que no estaba preparada. Aquí la moda es una cosa inmensa, te sobrepasa. Las grandes empresas como Inditex —que distribuye Zara, Bershka, Massimo Dutti, entre otras— sacan colecciones dos o tres veces por semana y por eso tienes que conocer mucho de lo que están mostrando. La primera entrevista que hice en este rubro fue a los dueños de Rosa Clará, tanto al hijo como a la madre. Me puse muy nerviosa, porque me cuesta no minimizarme; en Europa, muchas veces, me he sentido pequeña.

¿Pequeña en qué sentido?

Pienso que no estoy al nivel de los periodistas de acá.

¿Complejo?

Sí, lucho mucho contra eso. David dice que si los medios me han dado la oportunidad y me siguen pidiendo artículos es porque mi trabajo interesa. Pero me cuesta creérmela.

¿Cuál es la mejor nota o entrevista que has hecho, la que más has disfrutado elaborar?

Eso es el lector el que debe juzgar. Pero, para mí, fueron las primeras; entre que las he disfrutado y también sufrido (risas). Por ejemplo, la del Barcelona Bridal Fashion Week, que fue una mezcla de incredulidad y ¡uy, esto es un reto grande! Haciéndola conocí gente de alto nivel: estuve en el atelier de Jesús Peiró y vi cómo se hacen los vestidos de novias en fábricas inmensas. Otra nota importante fue una que hice para la pandemia, sobre cómo manejar la primera salida de los niños a la calle; fue mi primer trabajo publicado no sólo en la web de La Vanguardia, sino también en el impreso. También recuerdo un tema que hice para la revista Clara sobre la lucha de las mujeres de 50 o 60 años contra el edadismo. Antes, a las mujeres de esas edades, uno las veía ya para abuelas y ahora se las ve fantásticas; continúan ocupando espacios y cuidándose para seguir siendo bellas.

¿Entrevistás sólo en español?

No. Mi primera entrevista en inglés fue al diseñador de la joyería Pomellato, Vincenzo Castaldo, en Milán. Sus joyas son lujo total. Por supuesto, conversé con él en un inglés atropellado (risas). Para mí fue una entrevista muy incómoda porque pensaba que no había captado algunas cosas y me sentía mucha vergüenza. Ya con el tiempo he ido perfeccionando el idioma y, gracias a Dios, a la vida y al trabajo, ahora lo domino un poco más.

¿Y cómo andás con el catalán?

Algunas veces hago las entrevistas en catalán. Claro, para mí fue más fácil aprenderlo porque mi entorno es catalán. Sí, hablo bien ese idioma y lo entiendo perfectamente, pero no lo escribo. Lo que hago en la Fira de Barcelona es en castellano y ya ellos lo traducen.

¿Qué planes tenés ahora?

Mi trabajo final de grado fue una web sobre moda; más precisamente sobre viajes a lugares relacionados con ese mundo. Por ejemplo: la tienda más espectacular de Bvlgari, el lugar donde se fabrica un cinturón de ocho millones de dólares… Se llama Fashion Out y la estuve alimentando poco a poco, de vez en cuando; es de esas cosas que no terminas de cuajar. Entonces, este año, he empezado con la página más en serio: aprovechando las subvenciones que te da la Unión Europea cuando tienes algún proyecto, me la están diseñando de nuevo y, a partir de ahí, empezaré a crear los artículos.

¿Tus hijas siguieron tus pasos en el periodismo?

No. La mayor (Claudia, de 21 años) se iba a dedicar a la realización de videos, pero a última hora decidió ser tripulante de cabina. Ahora trabaja en la aerolínea Ryanair y vive en Chipre. Mi hija pequeña (Luciana, de 18) estudia cocina, aunque no sabemos si cambiará de idea después (risas).

En un Barcelona Bridal Fashion Week, evento del que volverá a ser parte entre el 22 y el 26 de abril.

 

 

 

 

 

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