Entrevista

GABRIELA CORTEZ: «CRÍO A MI HIJA PARA QUE SEA UN SER EXCEPCIONAL»

La exchef de Enhorabuena trabaja ahora como coach de vida, inculcando buenos hábitos para lograr vivir a plenitud. Ella lo logró casi a sus 30 años.


Muchos conocimos a Gabriela Cortez Radosevic cuando formaba parte del equipo de chefs del programa Enhorabuena (red PAT). Su energía y buen humor, aparte de su léxico abundante, quedaron en evidencia mientras cocinaba y formaba parte de la animación de ese espacio televisivo. Al mismo tiempo que inundaba la tele con su simpatía y belleza, atendía su café donde la principal oferta eran las galletas que ella ama elaborar.

Tras abandonar la televisión y cerrar su negocio, le perdí el rastro. La encontré en Facebook, publicitándose como “coach de vida”. Dice que desde que nació su hija Valentina, hace tres años, está construyéndose y que en ese proceso se ha vuelto una mujer muchísimo más fuerte y segura de sí misma. Suena bonito, ¿cierto? «Soy una persona que trabaja en las falencias que sé que tengo; pero eso no lo veo como debilidad, sino como una oportunidad para ser una mejor Gabriela», expresa.

¿Cómo es eso de coach de vida?
Sí, lo soy. Estudié para serlo en 2018, cuando estaba con mi hija chiquitita. Fue una formación online en un instituto de Nueva York, que me permite enseñar a mis clientes a tener una mejor calidad de vida de manera integral. Trato las emociones y la alimentación; yo promuevo el clean eating, veo el tema de movimiento y que todo se resuelva.

¿Vos podés hacer que las cosas les salgan bien a las personas? ¡Cómo!
Yo no hago que las cosas les salgan bien a las personas; yo acompaño a que las personas encuentren las metas y desafíos personales. ¿Cómo? Dándoles herramientas y siendo un apoyo, porque un coach es una persona que te resuelve y te acompaña a descubrir las cosas que tenés adentro de vos.

¿Desde cuándo empezaste con esto? Yo te conocí haciendo galletas…
Cerré mi galletería en 2017, cuando estaba embarazada; me di cuenta de que iba a ser muy demandante físicamente el estar con ese trabajo y con mi hija nacida. Entonces decidí estudiar health coaching para poder ayudar a las personas a alcanzar una calidad de vida, como la que yo logré casi a mis 30 años. Además, quería que Valentina tenga ese mismo modelo en casa, el de una persona que se ama, que alcanza sus metas, que no vive frustrada, de una persona que cambia la queja por las frases positivas, de una persona que trabaja, de una persona que sueña…

Leí que ayudás en la adquisición de buenos hábitos. ¿Se puede hacer eso en personas adultas?
Se puede; lo ideal es que uno los inculque a los niños desde pequeños. ¿Cómo se los adquiere? Existe un par de pautas, una de ellas es borrar todo lo que aprendiste y empezar de cero, crear una nueva identidad; pero se necesita a alguien que esté a tu lado para cuando esto suceda: yo ofrezco un coaching de tres a seis meses; en ese tiempo se pueden afianzar esos nuevos hábitos.

¿Cómo se puede ser positivo en la vida en una situación como la que estamos atravesando?
No creo en el positivismo tipo unicornio sobre un arcoíris. Yo más bien creo que uno debe ser resiliente, que es distinto. El resiliente es el que aprende de las cosas que están pasando y saca lo mejor de lo peor para seguir viviendo. En mis consultas yo no soy un payasito que promueve el ser positivo o se la pasa dando mensajes de ese tipo, porque entiendo que la verdad de la milanesa es que en la vida existen toda clase de momentos; no se puede tener una sonrisa de forma permanente. El positivismo en exceso es dañino; de hecho, se ha descubierto que el positivismo puede dar impulsos de mecha corta; en cambio el impulso de una persona resiliente será mucho más largo.

El otro día posteaste lo siguiente: “No me conmuevo con dramas que pudieron ser prevenidos”, ¿eso no es muy duro y poco positivo?
A mí no me gusta el papel de víctima que las personas están jugando en esta época, cuando en realidad han hecho todo lo contrario a ese show que muestran en redes sociales. Si yo ando de fiesta en fiesta y me contagio, perfecto, yo calladita me quedo con lo que me está pasando y no ando diciendo “¡Ay, es que se tienen que cuidar!”, porque soy consciente de que tuve un accionar totalmente errado. No me considero una persona dura, sino más bien un ser humano honesto que no tiene ni un solo pelo en la lengua y dice las cosas como las piensa, sin ofender.

También publicaste que sos una “mamá atípica”…
Lo soy para la cultura cruceña y para mi generación. Lo soy porque soy una madre al cien por ciento. Lo soy porque tengo una manera diferente de criar a mi hija y como no me importa mucho lo que digan de mí, tampoco me importa lo que digan de cómo lo estoy haciendo; hago intuitivamente lo que creo que es mejor para ella. No la estoy criando para que sea una niña más, sino para que sea un ser excepcional.

He visto en tu face que te la has dado de agente inmobiliario, ¿eso es parte de la “reinvención” que todos hemos experimentado para sobrevivir a la pandemia?
(Risas) Fue por ayudar un poco a mis padres en la promoción de unos departamentos que ellos tienen en alquiler. Como ellos tienen un público en el Facebook y yo otro distinto, entonces pensé que podía enganchar a alguien interesado. A mí me gusta vender, puedo vender de todo; pero la verdad es que no me he diversificado tanto en esta época. Lo que sí he hecho es seguir estudiando, mientras trabajo, mientras crío, mientras enseño, mientras limpio, mientras cocino… Creo que la única manera de ser un buen profesional está en jamás dejar de estudiar. Amo cada minuto de mis estudios, no es lo más fácil porque no tengo niñera, nunca la he tenido. Mi hija, que es muy independiente, me acompaña incluso en mis consultas de coaching que las hago a través de Zoom. No hace bulla, no hace ruido; ella sabe que una hora es el tiempo en que mami trabaja.

¿Extrañás algo de tu vida prepandemia?
Lo que la pandemia me ayudó a valorar y ahora lo extraño es la rutina que teníamos con mis padres. Nosotras íbamos todos los días a almorzar a casa de ellos porque era el único momento en que los veíamos; eso pasó a ser dos visitas a la semana. Extraño un poco ir al gimnasio, aunque no he dejado de entrenar: me levanto a las 4:30 para ir a correr y para hacer mis ejercicios antes de que mi hija se despierte. Por eso es que sé que los hábitos se pueden cambiar pese a cualquier circunstancia. Por cierto, cuando nos tuvieron encerrados yo corría de un lado a otro de mi casa, y no vivo en una mansión… Y no tengo patio.

 

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